Pequeño pasaje de Seyyed Muhammad Baqir as Sadr sobre el capitalismo

Si quisiésemos hacer una revisión de las tragedias sociales que
ha provocado tal sistema improvisado, carente de una base
filosófica estudiada, sobrepasaríamos el reducido marco del
presente estudio, por lo que aludiremos a ellos de forma breve.
El primero de estos episodios es el siguiente: La mayoría
controla a la minoría, así como sus intereses y sus asuntos
vitales. La libertad política significa que la mayoría tiene el
derecho de establecer el sistema y sus normas y de gestionarlo.
Imaginemos que la élite que representa a la mayoría de la
población tiene las riendas del gobierno y de la legislación y
que adopta una mentalidad democrática capitalista, cuya
orientación e inclinación, así como sus objetivos y deseos, son
puramente materialistas. ¿Cuál será entonces el destino del
resto de la población? ¿Qué tipo de vida le espera a la minoría
supeditada a leyes pensadas en beneficio de la mayoría y para
asegurar sus intereses?
Y ¿Resultaría extraño que la mayoría aprobase leyes teniendo
en cuenta sus intereses y descuidara los intereses de la minoría,
logrando sus deseos mientras da un trato injusto a los demás?

¿Quién se encargaría de preservar la estructura vital de esta
minoría y de defenderla de las injusticias, teniendo en cuenta
que el interés personal es una cuestión individual y que la
mentalidad social de la mayoría no concibe los valores
espirituales y morales?
Por supuesto, el control permanecerá, como en el pasado, en
manos del sistema y las manifestaciones de explotación y de
desprecio de los derechos e intereses de los demás se
mantendrá en el ambiente social tal y como sucedía en los
entornos sociales anteriores. Con la diferencia de que, antes, el
desprecio a la dignidad humana se circunscribía a los
miembros de la comunidad, y en el sistema actual lo ejercen las
élites que representan a la mayoría en relación con las
minorías, que en conjunto conforman un gran número de
personas.
Desearía que el asunto terminase aquí, de ser así, la tragedia
habría sido ligera y el público habría sido testigo de más risas
que de lágrimas. Sin embargo el tema se agravó y se intensificó
con el planteamiento del tema económico de este sistema y con
el establecimiento de la libertad económica en los términos
antes mencionados.
Este sistema permitió todo tipo de métodos para adquirir
riqueza, sin importar cuán desorbitada fuese la riqueza ni lo
obsceno de sus métodos y motivaciones, permitiendo hacer
realidad todo lo que había prometido.
En la época en la que el mundo celebraba la gran Revolución
Industrial y la ciencia se consagraba al nacimiento de la
máquina que cambiaria la apariencia de la industria y
eliminaría la artesanía y otros trabajos similares, una minoría
de la población de enriqueció excesivamente gracias a este
sector.
A esta minoría le habían otorgado la oportunidad de utilizar
los métodos modernos de producción y le concedieron libertades capitalistas ilimitadas con las garantías suficientes
para que sacasen el máximo beneficio y provecho a dichos
métodos.
Estos métodos condenaron a numerosos grupos de la
población. Cuando la máquina de vapor destruyó sus
industrias y sacudió sus vidas, no encontraron una manera de
sobrevivir a contra corriente frente a los señores de la industria
moderna, favorecidos por la libertad económica y por los
derechos venerados que les otorgaban todas las libertades.

 

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