Las provisiones del viajero espiritual (II)

Por el gran sabio y místico: Faid Al-Kashânî (quddisa sirruh)
Traducción del persa: Lic. Sumeia Younes

El viajero espiritual ha de observar veinticinco cosas…

Primero:Observar las cinco oraciones diarias.
Me refiero a llevarlas a cabo al comienzo de su tiempo, en ÿamâ’ah (en congregación) y observando en ellas las tradiciones (sunan) y proceder apropiado (âdâb). Si, sin razón ni impedimento alguno, las retrasara respecto del comienzo de su tiempo, o no se presentara a realizarlas en congregación, u omitiera alguna de las tradiciones o alguno de sus procederes (âdâb), aunque sea un poco, se habrá salido del camino del peregrinaje espiritual, y será igual que el común de la gente que pace errante en la decadencia de la ignorancia y el desvío y que está desinformada del camino y del objetivo, y no progresará jamás.

Segundo :Observar la Oración del Viernes (Salât-ul Ÿum‘ah), la
de las dos Festividades (‘Îd Al-Fitr e ‘Îd Al-Ad·hâ) y la de los Signos
(Al-Aiât).

Se debe hacerlo en tanto se reúnan las condiciones, il·la ma‘al ‘udhr-il musqit (a menos que tenga un impedimento que le dispense de dirigirse a realizar la oración), puesto que, “si es que tres viernes (seguidos) abandona la oración sin razón alguna, su corazón se enmohecerá de manera tal que no podrá ser subsanado”.

Tercero:Observar las oraciones meritorias diarias .
Incluso se llegó a considerar pecado abandonarlas, excepto cuatro rak‘ah o ciclos de la nâfilah (u oración supererogatoria) de la tarde, y dos rak‘ah de la nâfilah que sigue a la oración del ocaso (magrib) y el witr (que es la oración supererogatoria de la noche), que es permitido no llevarlas a cabo aun no existiendo impedimento alguno.

Cuarto: Observar el ayuno (sawm) del Mes de Ramadán y
perfeccionarlo.
De manera que controle la lengua respecto de las palabras vanas, de la maledicencia, de la mentira, de maldecir e insultar, y acciones semejantes, y al resto de los miembros del cuerpo respecto de la opresión y la traición, y desayunar con lo ilícito o dudoso, aún más de lo que los controla el resto de los días.

Quinto: Observar el ayuno preferible.
Que son tres días específicos de cada mes, lo cual equivale a un estado continuo de ayuno (sawm ad-dahr). Si es que no tiene impedimento alguno, que no lo abandone, y si lo abandona, que lo recupere, o en su defecto que dé como limosna una ración de comida.

Sexto: Observar el zakât (o impuesto religioso)
De manera que retrasarlo o actuar con languidez a su respecto no está permitido, a menos que tenga un impedimento, como no encontrar a quien sea acreedor al mismo (esto es, que no haya necesitados), o por esperar para dárselo a quien sea más virtuoso de entre los que son acreedores a ello, etc.

Séptimo: Observar el pago de “un derecho consabido de los bienes” como limosna.
Me refiero a que determine que cada día o cada semana o cada mes, dará algo de sus bienes a un mendigo o indigente, de una manera acorde a su riqueza, y que no lo suspenda. Y es mejor si no se informa nadie de ello:«Aquellos en cuyos bienes hay un derecho consabido para el mendigo y el indigente. En el hadîz (se transmitió) que (el derecho consabido) no incluye al zakât (sino que es otro tipo de caridad).

Octavo: Observar la Peregrinación obligatoria (Haÿÿat-ul Islâm).

De manera que debe llevarse a cabo en el año que se torna obligatoria (por haberse vuelto pudiente, etc.), y no es permitido retrazarla si no tiene impedimento alguno.

Noveno: Visitar los sepulcros sagrados del Profeta (BP) y los Inmaculados Imames (P).
Especialmente el del Imam Husein (P), ya que encontramos en el hadîz que: “Visitar al Imam Husein (P) es obligatorio para cada creyente, y todo el que deje de lado este acto, habrá dejado de lado un derecho de Al·lah y del Mensajero”.
En otro hadîz se transmitió que: “Todo Imam tiene un pacto que rige sobre sus awliâ’ y shi‘as, y entre las cosas mediante las cuales se observa completamente ese pacto, se encuentra la visita a su sepulcro”.

Décimo: Observar los derechos de los hermanos
Y satisfacer sus necesidades, puesto que, ¡qué énfasis elocuente se hizo al respecto!, es más, consideraron que ello tiene prerrogativa por sobre la mayoría de los deberes religiosos.

Décimo primero: Compensar los recuerdos de Al·lah que no se hayan realizado en su momento.
Cuando se dé cuenta: “mahmâ amkana” – [Cuando y como sea posible].

Décimo segundo: Eliminar de sí mismo las conductas censurables como la vanidad, la mezquindad, la envidia y sus semejantes.
Imponerse prácticas de ascetismo, cualidades opuestas (a las mencionadas) y atributos morales encomiables, como el buen carácter, la munificencia, la paciencia y sus semejantes, hasta que se tornen una conducta arraigada.

Décimo tercero: Dejar de lado totalmente los actos prohibidos.
Y si ocasionalmente aconteciera un acto de desobediencia, que rápidamente pida perdón, se arrepienta y vuelva (a Al·lah) a fin de que sea amado por Al·lah:
[«Ciertamente que Al·lah ama a los arrepentidos»].

Décimo cuarto: Dejar de lado las cosas dudosas y ambiguas.
Lo cual conlleva a caer en las prohibiciones, y dijeron: “Todo aquel que deje de lado un adab (o proceder pertinente determinado), se verá privado de una sunnah (tradición religiosa), y todo aquel que deje de lado una sunnah, se verá privado de realizar un precepto obligatorio”.

Décimo quinto: No inmiscuirse en “mâ lâ ia‘nî” (lo que no incumbe) .
Puesto que ocasiona la dureza de corazón y la ruina, y en el hadîz: –[Quien procure
aquello que no le incumbe ni posee valor para sí, perderá aquello que sí es de valor para sí]. Y si se produjera por negligencia, tras percatarse, deberá compensar ello mediante el pedido de perdón y la contrición: «Por cierto que los timoratos, cuando les alcanza alguna tentación de Satanás, recapacitan, y heles aquí iluminados. En cuanto a los compañeros de los demonios, éstos les sumen en el error, luego no se detienen».
Y hasta que no abandone la compañía de los battâlîn (quienes pasan su tiempo indolentemente), los mugtâbîn (quienes hacen maledicencia) y aquellos que hablan palabras dispersas y así pasan los días, no se librarán del “mâ lâ ia‘nî” (lo que no incumbe), puesto que no hay nada como esto que ocasione insensibilidad, negligencia y pérdida de tiempo.

Décimo sexto: Comer poco, dormir poco y hablar poco.
Convertir ello en su propio lema, ya que influye plenamente en la iluminación del corazón.

Décimo séptimo: Recitar un poco del Corán cada día.
Y lo mínimo son cincuenta aleyas , con cavilación, reflexión y sumisión, y es mejor si algo de ello acaece en medio del salât.

Décimo octavo: Disponer como wird (acto devocional habitual)
algunos recuerdos de Al·lah y súplicas en momentos específicos.
Especialmente después de las oraciones obligatorias, y si puede ocupar su lengua la mayoría de su tiempo en recordar a Al·lah, aunque (el resto de) los miembros (de su cuerpo) estén siendo utilizados en otros trabajos, ¡qué bienaventuranza!
Se transmitió que el Imam Muhammad Al-Bâqir (P) la mayoría del tiempo tenía su bendita lengua humedecida con la pura frase “lâ ilâha il·lal·lah” – [No hay divinidad sino Al·lah] cuando comía algo, cuando hablaba, cuando caminaba, etc. Ello conforma un fuerte medio y ayuda para el peregrino espiritual, y si vincula el “recuerdo del corazón” con el “recuerdo de la lengua”, en poco tiempo sobrevendrán muchos logros espirituales. Mientras pueda que se esfuerce incesantemente en recordar a Al·lah, a fin de que no sea negligente, puesto que ningún asunto aventaja a éste en el peregrinaje espiritual, y es una fuerte ayuda para renunciar al hecho de contrariar a Al·lah, Glorificado y Altísimo sea, mediante los actos de desobediencia.

Décimo noveno: Procurar la compañía del sabio y hacerle preguntas.
Y beneficiarse de las ciencias religiosas en la medida que se encuentre avenido a ello. Que se esfuerce todo lo que pueda en incrementar un conocimiento al que ya posee:
[El más sagaz de entre la gente es aquel que incorpora el conocimiento de la gente al suyo propio] .
Hacerse de la compañía de quien es más sabio que uno se considera una gran victoria, y si encuentra un sabio que actúa según su conocimiento se considera imperioso imitarlo y no deberá salirse de ese juicio. El “viejo” a quien se refieren los sufis es éste mismo, y el propósito de “conocimiento” es el conocimiento de la otra vida, no el conocimiento de lo mundano. Y si no encuentra a alguien así, ni tampoco encuentra a alguien más sabio que él mismo, que procure la compañía del libro y la buena gente, de manera que obtenga de ellos la moral encomiable, y que no pierda la oportunidad de ninguna compañía que le permita pasar un buen rato, recordando a Al·lah y la otra vida.

Vigésimo: Tratar a la gente con buenas maneras y sencillez.
A fin de que no se conduzca de una manera insoportable para nadie y su accionar sea objeto de un buen pensamiento; y a su vez no debe pensar mal de nadie.

Vigésimo primero: Hacer, de la sinceridad en las palabras y en el accionar, un lema para sí.

Vigésimo segundo: Encomendarse a Al·lah Ta‘âla en todos los asuntos.
Y no tener la vista puesta en las causas materiales, y ser desapegado (en lo relacionado a) obtener el sustento sin dedicarse a ello con extrema seriedad, ni tener esperanzas excesivas en ello, y en la medida que pueda conformarse con poco y abandonar lo excedente.

Vigésimo tercero: Ser paciente ante el trato desagradable de familiares y parientes.
Y no perder rápido el temperamento y no desear el mal, que cuanto más sea objeto de desdeño y más las aflicciones con las que se topa, llegará más rápido a lo procurado.

Vigésimo cuarto: Encomendar el bien y prohibir el mal
En la medida que uno pueda, y hacer partícipes a los demás en el bienestar y la congoja, y asimismo en el peregrinaje espiritual, si es que existiera la capacidad interior, de lo contrario, abstenerse de acompañarlos con precaución y reticencia a fin de que no ocasione repulsión.

Vigésimo quinto: Organizar los momentos de uno.
Y en cada momento del día disponer un wird (acto devocional habitual) en el que ocuparse para que su tiempo no se desperdicie “puesto que el valor de cada tiempo depende de aquello en que se lo transcurre” y esto es primordial en el peregrinaje espiritual.

Esto es lo que nos ha llegado de los Imames Infalibles –que la paz sea con ellos- y lo que ellos practicaban y decían a los demás, pero asuntos como observar un acto devocional por el período de cuarenta días, no comer (carne de) animales y realizar el recuerdo consistente en forma manifiesta y oculta , y otras cosas que se transmitieron de los sufis, no se narró de ellos (P), y aparentemente, algunos de los mashâiej, veían adecuado algunos de éstos debido a que, para las almas de ciertas personas, resultaba en la facilidad del peregrinaje espiritual, y por ello ordenaban realizar ello.

El origen del período de cuarenta días tal vez sea el Hadîz:
– [Quien actúe sinceramente y con exclusividad para Al·lah durante cuarenta días se manifestarán fuentes de sabiduría desde su corazón hacia su lengua].

Y el origen de dejar (de comer la carne de) los animales:
– [No hagáis de vuestros estómagos cementerios de animales], y otros semejantes.

Y no cabe duda de que comer poca carne, en momentos retraerse y ocuparse en los recuerdos (a Al·lah) con la mente despreocupada y con completa atención, influye en la iluminación del corazón, pero con la condición de que no constituya un impedimento para (participar en) la Oración del Viernes y la Oración en Congregación.

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