“El islam y la nobleza del ser humano” – Imam Musa Sadr

En el prólogo de nuestras charlas sobre la nobleza del
ser humano desde la perspectiva islámica hemos de decir que este
es un asunto revestido de una gran importancia desde el punto de
vista del Islam y de la percepción que el Islam posee del ser
humano.

 

Expondremos brevemente los resultados de este
concepto y los importantes efectos que tiene la investigación en el
mensaje profético al respecto.
El primer paso en la senda de la educación del ser
humano y de la elevación de su nivel en todos los ámbitos de su
construcción personal es hacerle consciente de su noble
condición e interesarle en todos los aspectos que tienen que ver
con él mismo. Pues, en caso contrario, no dará valor a su persona
y no dedicará esfuerzo alguno a mejorar su situación, sin prestarle
importancia a su situación presente, futura e incluso pasada.
En ese caso careceríamos de la posibilidad de
persuadirle al esfuerzo y a la acción y de la posibilidad de influirle
para que mejorase en sus asuntos y situaciones y, en general, para
que se movilizase en pro de la excelencia. Permanecería inactivo,
pasivo e indiferente, prefiriendo mantener su situación presente
antes que soportar las incomodidades inherentes al cambio y la
dificultad que supone el esfuerzo y la acción.
No negamos que el amor de la persona por sí misma sea
un instinto establecido en él que le obliga a defenderse y tratar de
obtener el bien. Lo que decimos es que ese instinto se mantiene
activo en función del nivel de conciencia de la persona, que se
moviliza por aquello que su conciencia le indica como bueno y
rechaza aquello que su conciencia considera malo.
Por tanto, el amor por uno mismo es la fuerza
conductora de una persona. Pero el sentido de la nobleza y la
dignidad solamente delimita la posición de la persona, define la líneas generales de su viaje vital y establece sus objetivos
preferentes. El amor por sí mismo permite también distinguir
quien es el oponente y la manera de defenderse.
No negamos tampoco la posibilidad de elevar el nivel de
la vida humana mediante la presión, la imposición del esfuerzo y
el trabajo, pero creemos que ese método no es el mejor para
obtener la perfección del individuo. Al contrario, ese método
arroja resultados negativos, problemas psicológicos. Produce
resultados contrarios a lo que se busca y el grupo es el que se
hace responsable en lugar del individuo. Pero, dejemos esa
discusión que es prerrogativa de los psicólogos y los pedagogos y
vayamos a nuestro asunto: “El Islam y la nobleza del ser
humano.”

El ser humano es el representante de Dios en la Tierra
El ser humano, desde el punto de vista del Islam, es el
representante de Dios en la Tierra. Es quien conoce los nombres
de todas las cosas y ante quien se prosternan todos los ángeles de
Dios.
Y recuerda cuando tu Señor dijo a los ángeles: “En
verdad, pondré en la Tierra un representante Mío.”
Ellos dijeron: “¿Vas a poner en la Tierra a quien la
corromperá y derramará la sangre, mientras que nosotros Te
glorificamos con alabanzas y proclamamos tu santidad?”

Dijo Dios: “En verdad, Yo sé lo que vosotros no
sabéis.” Y enseñó a Adán los nombres de todos los seres. Luego
los expuso ante los ángeles y Les dijo: “Informadme de los
nombres de éstos, si es que sois veraces.”
Ellos dijeron: “¡Glorificado seas! No conocemos más
que aquello que Tú nos has enseñado. En verdad, Tú eres el
Conocedor, el Sabio.”
Dijo Él entonces: “¡Oh Adán! ¡Infórmales de sus
nombres!” Y cuando Adán les hubo informado de ellos, dijo Él:
“¿No os dije que, ciertamente, conozco lo oculto de los cielos y de
la Tierra y que sé lo que manifestáis y lo que ocultáis?
Sagrado Corán. 2:30-34.
El concepto de “representante” (Califa) muestra muy
claramente la independencia del ser humano y su libertad para
actuar en la Tierra. Aquellas cuestiones que están
predeterminadas para el ser humano y los límites establecidos
para él, son aquellas cosas decretadas por Dios para el ser
humano, Su representante.
Enseña a Adán los nombres, esos nombres a los que el
pronombre “ellos” remite, pronombre que es utilizado
específicamente para los seres inteligentes, y Dios recuerda a los
ángeles, tras haber reconocido estos sus limitaciones, que Él
conoce lo que está oculto en los cielos y en la Tierra.

Esa enseñanza y ese recuerdo producen en la mente del
ser humano una imagen de las posibilidades que posee y establece
su habilidad para conocer todos los seres y las fuerzas que
interactúan en el ciclo del califato, las cuales han sido puestas a su
disposición en su vida apostólica.
La prosternación ante él de los ángeles, que son la élite
de los seres existentes, enfatiza claramente el sometimiento de
todos los seres ante el ser humano y la obediencia de todos ellos a
él. Y este significado quedará mucho más claramente establecido
más adelante.
Por tanto, la independencia al actuar, las grandes
capacidades y el sometimiento del resto de los seres a él, son tres
atributos que, en los versículos mencionados, nos permiten
comprender, el elevado nivel que alcanza la dignidad humana.

El ser humano y libertad de acción
Creo que lo que llevó a los ángeles a decir que el
hombre corromperá en la Tierra y derramará la sangre fue el
sentir la capacidad de los seres humanos para actuar con
independencia en la Tierra, sabiendo que esa independencia no es
completa más que si el ser humano posee el sentido del mal y es
capaz de vencerlo.
A pesar de ello, nosotros vemos que ese peligro no
disminuye la alta posición del ser humano y su dignidad, sino que, al contrario, supone una condición fundamental de su
independencia y libertad de actuar.
El diablo, desde el punto de vista del Corán, es el único
que rechaza prosternarse ante Adán y se enfrenta arrogante ante
él, lo cual le lleva a ser expulsado de la alta posición espiritual que
ocupaba en el reino divino y a ser castigado el Día de la
Resurrección:
Así que todos los ángeles se prosternaron excepto Iblís,
que se ensoberbeció y fue de los que tratan de ocultar la verdad.
Dios le dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te impidió prosternarte
ante lo que Yo he creado con Mis dos manos? ¿Te consideras
demasiado grande o eres de los que están por encima de ello?”
Él dijo: “Yo soy mejor que él. A mí me creaste de fuego
y a él le has creado de barro.”
Dios dijo: “Entonces ¡Sal del Paraíso! En verdad, eres
de los maldecidos. Y, en verdad, Mi maldición pesará sobre ti
hasta el Día de la Recompensa.”
Él dijo: “¡Señor mío! ¡Dame de plazo hasta el día en
que los resucites!”
Dios dijo: “Sé, pues, de los que tienen un plazo hasta el
día cuyo tiempo está determinado.”
Él dijo: “Juro por Tu poder que extraviaré a todos ellos
a excepción de quienes, entre ellos, sean Tus siervos puros.”

Dios dijo: “La verdad –y lo que Yo digo es siempre la
verdad- es que llenaré el Infierno contigo y con todos los que te
sigan.”

Sagrado Corán, 38: 73-85
Este Iblís, transformado en demonio postergado
después de negarse a prosternarse ante Adán, es quien dirige los
ejércitos del mal en la vida humana y quien crea el conflicto que
asola el mundo y el alma humana. Los vencedores en ese
combate, los siervos fieles de Dios, son el fruto de la existencia
que fue creada para ellos y que devino el territorio sobre el que
ejercer su califato.

El hombre fue creado por Dios y en él está el Espíritu de
Dios.
Recuerda cuando tu Señor dijo a los ángeles: “En
verdad, crearé a un ser humano de barro. Así pues, cuando le
haya dado forma y sople en él de Mi espíritu, prosternaos ante
él.”
Así que todos los ángeles se prosternaron excepto Iblís,
que se ensoberbeció y fue de los que tratan de ocultar la verdad.
Dios le dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te impidió prosternarte
ante lo que Yo he creado con Mis dos manos? ¿Te consideras
demasiado grande o eres de los que están por encima de ello?”

Sagrado Corán, 38: 71-75

Así pues, Dios creó al ser humano de barro e insufló en
él de Su espíritu, una clara imagen de los diversos aspectos
existenciales que abarca el ser humano, cuya naturaleza se
extiende desde la Tierra a los cielos, y esto también es una
poderosa expresión para definir la nobleza de la que disfruta el
ser humano.
Y, ciertamente, hemos creado al ser humano de un
trozo de barro. Luego, de una gota en un lugar protegido.
Después de la gota, creamos algo suspendido, y, de eso
suspendido, una masa parecida a carne picada, y de eso, huesos.
Y cubrimos los huesos de carne y entonces creamos otra criatura.
Por tanto ¡Bendito sea Dios, el mejor de los creadores!
Sagrado Corán, 18:12-14

El Islam y su invitación al ser humano para que adquiera
conocimiento.
Dios puso al ser humano entre todas las criaturas, pero
dotándole de importantes características diferenciadoras.
Características que le permiten manifestar la moral divina. Entre
ellas, le hizo libre, con capacidad de adquirir conocimiento y
ciencia.

 

El Islam habla en numerosas ocasiones, en el Corán y en
la sunna profética, de estas cuestiones para que las prestemos
atención. Habla de cómo ha elevado el conocimiento y la
espiritualidad del ser humano y le ha otorgado una nobilísima
posición, prefiriéndole sobre el resto de las criaturas, como ya
hemos mencionado en el capítulo anterior, al citar algunos
versículos coránicos.
En un hadíz profético leemos: “¡Adquiere el carácter de
Dios!” y en otro versículo coránico:
En verdad, hemos sido generosos con los seres humanos
y les hemos llevado por la tierra y el mar y les hemos proveído
de cosas buenas y les hemos otorgado una preferencia absoluta
sobre muchas de las cosas que hemos creado.

Sagrado Corán, 17:70

Después, el Sagrado Corán nos informa de que todo lo
que hay en la Tierra y alrededor de ella fue creado para el ser
humano y sometido a él:
Él es Quien creó para vosotros todo lo que existe en la
Tierra.

Sagrado Corán, 2:29
Y Él ha puesto a vuestra disposición la noche y el día.
El Sol, la Luna y las estrellas están sometidos a Su mandato.

Sagrado Corán, 16:12

Las enseñanzas islámicas insisten en que Dios está muy
cerca del ser humano. Está más cerca de él que ninguna otra cosa.
El hombre debe sentir esa cercanía a Dios y aceptarla de Él, para
poder encontrar su fuerza y ​​su autoestima:
Ciertamente, Hemos creado al ser humano y sabemos
lo que le susurra su alma. Y Nosotros estamos más cerca de él
que su vena yugular.

Sagrado Corán, 50:16

Y cuando Mis siervos te pregunten por Mí, diles que, en
verdad, Yo estoy cerca y respondo la súplica del suplicante
cuando Me suplica.
Por tanto, que Me respondan y crean en Mí, para que,
quizás así, sean bien dirigidos.

Sagrado Corán, 2:186

¡Oh los que creéis! Responded a Dios y al Mensajero
cuando os invitan a lo que os da la vida y sabed que Dios se sitúa entre el hombre y su corazón y que seréis congregados
hacia Él.

Sagrado Corán, 8:24

Y leemos en un noble hadíz profético:
«El corazón del creyente es el trono de Dios
Misericordioso.”
Y el énfasis en la cercanía que Dios tiene del hombre
levanta su espíritu sobremanera y le protege del miedo, la
ansiedad y la tristeza. Le protege también de numerosos vicios
morales que solo provocan debilidad, miedo, avaricia, mentira,
hipocresía y codicia.
Además, la cercanía a Dios facilita el proceso de obtener
de Él aquello que necesitamos o deseamos y de aproximar
nuestro comportamiento al Suyo.
En los versículos coránicos leemos que se equipara al ser
humano con el resto de la creación y se hace de él una prueba del
Creador de los mundos, de Su grandeza y de Su sabiduría. De
manera que se le considera equivalente a los horizontes. En un
noble hadíz se le describe como “el gran mundo”.
Pronto les haremos ver Nuestras señales en los
horizontes y dentro de sí mismos hasta que quede claro para
ellos que Él es la Verdad.

Sagrado Corán, 41:53

Pretendes ser un pequeño cuerpo pero en ti está encerrado el gran
mundo.
Y tú eres el libro claro cuyas letras manifiestan lo que estaba
oculto
Y el depósito que toda la creación se negó a asumir fue aceptado
por el humano.

Ciertamente, ofrecimos este depósito a los cielos y a la
Tierra y a las montañas pero se rehusaron a asumirlo y se
asustaron de la responsabilidad, pero el ser humano lo asumió.
En verdad, él era un gran transgresor y un ignorante. Dios
castiga a los hipócritas y a las hipócritas y a los idólatras y a las
idólatras. Y Dios perdona a los creyentes y a las creyentes. Dios
es muy perdonador y misericordioso.

Sagrado Corán, 33:72-73
Cualquiera que sea la explicación de lo que ese depósito es,
la religión, o el conocimiento, o el gobierno, o la dignidad de la
responsabilidad, lo cierto es que el ser humano es el único que
detenta su custodia y eso le ennoblece y muestra la alta estación
que él ocupa en la creación.

La estación de la profecía
Y, finalmente, la estación de la profecía que es la
estación del mensaje divino, la posición de amistad con Dios, el
nivel en el que se habla con Dios, la estación de los escogidos, el
nivel de los amados de Dios, el nivel de la palabra divina. La
estación particular del ser humano, que es la posición más noble
que una criatura pueda alcanzar.
Con certeza, Dios honra a los creyentes cuando les
envía un Mensajero de ente ellos mismos, que les recita Sus
versículos y les purifica y les instruye en la Escritura y en la
sabiduría, cuando antes estaban en un extravío evidente.
Sagrado Corán, 3:164

Y si hubiéramos hecho de él un ángel, ciertamente, le
habríamos dotado de forma humana y les habríamos
confundido igual que se confundieron anteriormente.
Sagrado Corán, 6:9
Esto fue una breve descripción de la noble posición del
ser humano y una explicación de la elevada posición que el Islam
le otorga. Entraremos, pues, ahora, a explicar algunos detalles y enseñanzas de cómo preservar y proteger esa nobleza del ser
humano en algunos aspectos de su vida o en todos ellos.
El Islam entra a detallar la existencia del ser humano y,
cuando establece sus mandatos y leyes, basa todos ellos en el
principio de honrar al ser humano, considerando este principio el
objetivo principal entre todos los principios de la religión y el
propósito del mensaje divino.
Éste es el sumario de esas enseñanzas:
a-La naturaleza de Dios.

La religión, dicho sea brevemente, explica la naturaleza
en la que Dios ha creado al ser humano. La religión es la
expresión adecuada de tal naturaleza y de la manera en que ella se
manifiesta cuando no está condicionada por los diferentes
agentes procedentes del exterior de la propia naturaleza humana.
Así pues, eleva tu rostro hacia la religión como un
verdadero buscador de la fe pura, siguiendo la naturaleza
esencial en la que Dios ha creado a los seres humanos. No hay
alteración en la creación de Dios. Esta es la religión verdadera,
pero la mayoría de la gente no sabe.

Sagrado Corán, 30:30
Y el noble hadíz que explica este versículo dice: Todo ser
que nace, nace en su condición y naturaleza original.

Así pues, conforme a estas enseñanzas, la religión es la
naturaleza innata del ser humano, a pesar de que el ser humano
mismo no pueda expresarla al encontrarse condicionado por
factores que mediatizan esa naturaleza innata en la que ha sido
creado.
Por ello, lo cierto es que esta naturaleza innata del ser
humano se expresa desde otra estación espiritual, aquella que
permanece por encima de todos los factores externos
condicionantes y que crea ella misma todas las causas y efectos.
La estación espiritual del Creador del mundo que ha legislado la
religión para el ser humano y Cuya legislación y mensaje a
detallado la naturaleza innata del ser humano.

b- La protección de uno mismo y de los otros
El Islam respeta la vida humana y considera que quien salva
a un ser humano es cómo quien salva a toda la humanidad y que
quien mata intencionalmente a un ser humano es como quien
mata a toda la humanidad y tiene como castigo el Infierno.
Por ello, dispusimos para los Hijos de Israel que
quien matase a una persona sin que ésta hubiera cometido un
crimen o corrompido en la Tierra, fuese considerado como quien
mata a toda la humanidad y que quien la salvase, fuese
considerado como quien salva a toda la humanidad.

Sagrado Corán, 5:32

Conforme a las enseñanzas islámicas, matar un alma incluye
matar un feto o tratar la vida propia sin respeto, como quien se
suicida, pensando que su vida le pertenece y el Islam prohíbe
terminantemente tales comportamientos.
Así, Dios Altísimo dice:
Y no os matéis a vosotros mismos. En verdad, Dios ha sido
misericordioso con vosotros.

Sagrado Corán, 4:29
Y ha establecido el pago de una suma por matar a alguien
por error. Algo que hoy se ha convertido en ley general, a
sabiendas de que es una disposición de la legislación islámica.
El Islam enfatiza la obligación de proteger la vida de los
otros seres humanos y amenaza a quienes descuidan sus
obligaciones hacia los pobres y los huérfanos, porque eso supone
para los pobres y los indefensos el riesgo de morir.
Y repartid de vuestra riqueza por la causa de Dios. No os
destruyáis con vuestra propia mano y haced el bien.

Sagrado Corán, 2:195
Y aquellos que si dejasen tras ellos niños indefensos
temerían por ellos, que se preocupen de los huérfanos, que sean
temerosos de desagradar a Dios y les hablen con la verdad.
Sagrado Corán, 4:9

 

Dijo el Imam As-Sádiq (a.s.): Puesto que los dirigentes de la
familia del Profeta (s.) son musulmanes, cubrir sus cuerpos desnudos y
alimentarles cuando pasen hambre es más amado por Dios que la realización
de la peregrinación setenta veces.

c- La liberación esencial
El Islam ha contemplado la posición del ser humano y le
ha prohibido adorar ídolos, otros seres humanos o cualquier otra
cosa. Considera que el ser humano no debe adorar otra cosa que
no sea Dios y que ocupa una posición tan elevada que no debe
someterse a ninguna otra persona o cosa. Y en muchas de sus
enseñanzas encontramos que le advierte y le prohíbe buscar la
satisfacción de sus necesidades en otro que no sea Dios.

d- La santidad de la palabra
En muchas de las enseñanzas islámicas encontramos que
se recomienda al ser humano honrar la palabra dada,
considerando que la palabra que se da es parte inseparable de la
misma persona. Por ello, establece la obligatoriedad de mantener
la palabra dada y llama a sopesar bien lo que se dice, para atraer el
bien y repeler el mal.

¡Oh quienes creéis! Proteged lo que Dios os ha dado y
decid la verdad al hablar, de manera que Dios perfeccione
vuestros actos y perdone vuestros pecados.

Sagrado Corán, 33:70-71
Y se ha comentado que decir la verdad se ha
interpretado en las enseñanzas islámicas como: no mentir, no
difamar, no decir obscenidades, ni cosas sin sentido o
altisonantes.
El testimonio también ha recibido una atención
particular en las enseñanza islámicas y se ha considerado
obligatorio el prestar testimonio, pues mediante el testimonio se
establecen los derechos y se aplican los castigos. Más aun, el
testimonio es aceptado solamente de las personas justas y el falso
testimonio ha sido considerado uno de los peores pecados y es
merecedor de severos castigos en algunos casos penales.
El pacto es un compromiso verbal y el Islam considera
que debe ser respetado.
Y cumplid con los contratos, pues se os pedirá
cuentas de ello.

Sagrado Corán, 17:34.
Y es obligatorio cumplir con los compromisos verbales
mutuos expresados por los contratantes y está prohibido actuar
de forma contraria a los mismos

¡Oh los que creéis! Respetad los contratos.

Sagrado Corán, 5:1
Cómo podréis echaros atrás de lo acordado cuando
habéis cerrado un trato firme entre vosotros.

Sagrado Corán, 4:21
Se considera que incluso el pacto verbal debe ser
respetado. A ello se ha referido el noble hadíz al decir: La palabra
del creyente es su religión.
Los compromisos verbales incluidos en los contratos
deben ser respetados y considerados como parte de las
condiciones de los mismos. Los musulmanes deben respetar los
términos de los contratos excepto si declaran ilícito lo lícito y
viceversa, tal y como establece el noble hadíz:
“Los musulmanes quedan obligados por los pactos que
establecen siempre y cuando sean acordes con el Libro de Dios
poderoso y majestuoso.”
Estas condiciones se consideran medios suficientes para
establecer contratos y operaciones aplicables a las distintas
necesidades y a las nuevas expectativas.
La palabra se considera en el Islam respetable hasta tal
punto que se considera el camino para entrar en la religión. Es
suficiente con pronunciar el testimonio de que Dios es único y de que el Muhammad es el profeta de Dios para ser considerado
musulmán y está prohibido negar tal reconocimiento.
Y no le digáis a quien os ofrece la paz: ¡No eres
creyente! Buscando con ello los beneficios de esta vida.
Sagrado Corán, 4:94
Y, a veces, lo escrito y lo dicho poseen el mismo valor.
Así, el Islam ha hecho gran énfasis en que al ser humano le
serán contabilizadas todas las palabras que emita y que Dios
Altísimo ha dispuesto nobles escribas que toman nota de todas
las cosas que dice cada persona. Esta afirmación es también una
forma de proteger y honrar, ya que las palabras emitidas por una
persona respetable son aquellas que tienen importancia para él y
no otras. Por lo tanto, el interés por registrar las palabras emitidas
por una persona también supone la importancia que se otorga a
sus asuntos y el reconocimiento de su nobleza y dignidad.
No emite una sola palabra sin que junto a él haya un
observador atento.

Sagrado Corán, 50:18
En verdad, sobre vosotros hay ángeles guardianes,
nobles escribas de vuestras acciones que saben todo lo que hacéis.
Sagrado Corán, 82:10-12

e- La felicidad y la acción
En las enseñanzas islámicas se otorga de manera clara y
explícita, un gran honor y una gran importancia a las acciones
humanas.
El Islam niega que los factores exteriores tengan parte en la
felicidad o infelicidad verdaderas del individuo y considera que
son las acciones propias las que llevan a la una o a la otra.
Juro por un alma y Quien la creó de forma armoniosa y
equilibrada, inspirándola lo que la corrompe y el temor que la
mantiene a salvo. Ciertamente, habrá triunfado quien la
purifique y habrá fracasado quien la corrompa.

Sagrado Corán, 91:7-10

Cada alma es rehén de sus propios actos.

Sagrado Corán, 74:38
El Sagrado Corán explica que la idea sustentada por algunos
pueblos, según la cual ellos serían los hijos de Dios y Sus amados,
es falsa y la causa principal de división en las sociedades. Esa idea
entra en contradicción con el concepto verdadero de la unicidad y
unidad divinas (tauhid) y no puede sustituir la importancia de la
acción humana.
Di: ¡Oh vosotros judíos! Si pretendéis que vosotros sois los
hijos de Dios a diferencia del resto de los seres humanos, desead la muerte, si es que sois sinceros. Pero no la desearán jamás por
lo que enviaron por delante a la otra vida con sus propias
manos. Y Dios es Quien mejor conoce a los transgresores.
Sagrado Corán, 62:6-7
Y el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios
sean con él y con su familia purificada, confirma la importancia
de este principio cuando le dice a su hija Fátima: ¡Oh Fátima!
Trabaja por ti misma, pues yo no puede pedirle a Dios que te libere de
ningún esfuerzo.
El Islam descarga toda la responsabilidad de la
formación, estructura, organización y problemas de la sociedad,
sobre el ser humano, ya que es él quien conforma las sociedades y
son sus actos los que diseñan las líneas rectoras, establecen las
responsabilidades y generan los problemas y las dificultades.
En verdad, Dios no cambia la situación de un pueblo,
mientras ellos no cambien lo que tienen en sus almas.
Sagrado Corán, 13:11

Se manifiesta la corrupción en la tierra y el mar por lo
que lo seres humanos hacen con sus propias manos, y Él les hace
que prueben algo de lo que hicieron para que, quizás así,
regresen a la buena senda.

Sagrado Corán, 30:41

Y un noble hadíz dice: Como tú seas, así serás gobernado.
Así pues, las obras del ser humano son la única fuerza
que crea, pone en movimiento y desarrolla la historia. Los
factores externos, sean cuales sean, no intervienen en la
formación y definición de los objetivos de las sociedades, sino
solamente el esfuerzo humano. Es el ser humano con sus actos y
sus obras quien, de manera estudiada o ignorante y negligente,
decide el camino a seguir y escoge su trayectoria y quien decide
con sus actos como será la sociedad.
Y lo mismo es aplicable al desarrollo de la historia que
no es más que la interacción entre el ser humano y el universo.
Así, el ser humano se relaciona con el mundo en el que vive
conforme a sus deseos y necesidades. Lee una línea de él y esa
lectura ejerce un efecto sobre su vida, eleva su nivel de
consciencia, desarrolla su forma de vida y transforma su entorno.
Vuelve a leer otra línea y vuelve a suceder lo mismo.
Por tanto, el único protagonista en el escenario histórico
es el ser humano. Es él quien hace la historia, la hace girar e
interactúa con ella de manera significativa y todo eso lo realiza
con su continuo actuar. Así pues, es la acción humana y no otra
cosa la causante de todos estos acontecimientos. ¿Es posible
concebir una posición más noble que esa?
En el terreno de la economía y por primera vez en la
historia, el Islam valora que el trabajo humano es un elemento esencial y valioso. Prohíbe apropiarse de él, considera que quien
se apropia del trabajo ajeno es como quien roba la propiedad de
otro y manifiesta que quien no paga su trabajo comete un gran
pecado y no olerá el perfume del Paraíso.
Por tanto, cuando prestamos atención al conjunto de las
enseñanzas islámicas relativas a las leyes de las relaciones y las
transacciones humanas, llegamos a una importante conclusión, se
establece que el trabajo es el elemento principal entre los tres
factores que intervienen en la producción: trabajo, máquina y
capital. Y esta conclusión puede parecer extraña pero es real.
Pretendemos en estas lecciones exponer de manera
breve estas enseñanzas y estas conclusiones:
– El Islam prohíbe la usura de manera terminante y
absoluta. Entendiendo por usura el establecimiento
de beneficios fijos sobre el capital original sin tener
en cuenta los riesgos de que la inversión sufra
pérdidas.
– En el caso de que el capital sea utilizado por otro
distinto que su propietario mediante un contrato
denominado en el derecho islámico mudáriba, es
decir, en una inversión especulativa, el beneficio
obtenido se dividirá en una proporción delimitada
entre el trabajador, el capital inicial y el trabajo,
entendiendo por trabajo la actividad realizada por el
trabajador que ha utilizado la inversión especulativa
o mudáriba. El trabajador queda a salvo de pérdidas y estas posibles pérdidas serán deducidas
únicamente del capital inicial.
– No será permisible deducir una parte de los
beneficios para la maquinaria, como explícitamente
han establecido los doctores de la ley en el capítulo
dedicado a la cosecha y la irrigación de los campos
(bab al-muzári’ah wa l-musáqáh) pero es posible
estipular una cantidad por el alquiler de la misma.
– El establecimiento del trabajo puede realizarse en
forma de salario para el trabajador y en ese caso el
trabajador obtendrá una parte determinada de los
beneficios, igual que si fuera una inversión
especulativa o mudáriba.
De estas disposiciones legales concluimos que los
trabajadores poseen en la legislación islámica tres ventajas: Un
salario fijo, una participación en los beneficios y el quedar a salvo
de las pérdidas.
En cuanto al capital inicial y las maquinarias o
instrumentos, poseen cada uno de ellos una ventaja: el capital
inicial posee una participación en los beneficios, pero no está
protegido de las pérdidas ni posee un salario determinado. Y los
instrumentos o maquinarias tienen derecho a recibir una cantidad
fija pero no participan en los beneficios.
Creo que este resumen realizado informa claramente al
amable lector del punto de vista del Islam respecto al trabajo humano y de la medida en que se dignifica al trabajador desde el
primer momento, mucho antes de los cambios acontecidos en los
tiempos modernos.

El Islam y el trabajo
En el terreno de los efectos del trabajo y de sus
múltiples consecuencias, el Islam considera que el trabajo es no
sólo una protección para la fe sino una consecuencia de la misma
y por ello hace gran énfasis en la importancia del trabajo.
El fin de aquellos que actuaron mal fue que
desmintieron las señales de Dios y se burlaron de ellas.
Sagrado Corán, 30:10
Finalmente, la responsabilidad del trabajo, pequeño o
grande, establece la gran posición del ser humano en relación con
su trabajo y establece el efecto que el mismo, hasta el más
mínimo, tiene en el mundo, independientemente de que se dé
cuenta de ello o no.
Así pues, quien haga una pizca de un átomo de bien lo
verá y quien haga una pizca de un átomo de mal lo verá.
Sagrado Corán, 99:7 y 8
Y no hay estado en que te encuentres, ni nada de lo que
recitas del Corán, ni nada de lo que hacéis, sin que Nosotros seamos testigos desde que lo iniciáis. Y no escapa a la atención
de tu Señor ni una pizca de un átomo ni en la Tierra ni en el
cielo. Y no hay nada menor que ello ni nada mayor que no esté
consignado en una Escritura clara.

Sagrado Corán, 10:61
Esta responsabilidad es una garantía de que el trabajo
de la persona está protegido, no será malgastado y no se desviará
de una senda positiva y útil.
Y lo que nos manifiesta esa protección es la delimitación
de lo que es bueno y lo que es malo, de lo lícito y lo ilícito y el
énfasis que se hace en que estos esfuerzos van dirigidos a honrar
al ser humano y a mantenerle protegido de aquello que le debilita
y le lleva a la decadencia. Y en los versículos coránicos y en la
práctica profética encontramos las palabras que ilustran esta idea:
En verdad, los embriagantes y los juegos de azahar, los
ídolos y las flechas adivinatorias son algunas de las obras
abominables hechas por Satanás. Así pues, absteneos de todas
ellas, quizás de esa manera tengáis éxito.

Sagrado Corán, 5:90
Lo mejor es enfatizar en esta circunstancia, que la confianza
en los principios de lo que es lícito y lo que es ilícito, tal y como
los establece la religión, está concebida para ayudar al ser humano
a no sumergirse en el mundo materialista que le rodea y a
favorecer que se interese en la realización de sus obligaciones, en acciones lícitas y en apartarse de aquellas que le corrompen y que
han sido consideradas ilícitas para él.
Cuando el ser humano trata de satisfacer sus necesidades
corporales o cuando se sale de sí mismo siguiendo a sus pasiones,
se ve influenciado por el mundo en lugar de ser él quien lo
influencie, no podrá ser un referente y un dirigente para la
creación ni el representante de Dios en la Tierra y se disolverá en
su entorno.
Pero, el respeto a los límites impuestos por lo lícito y lo
ilícito garantiza al ser humano su independencia y le permite
emerger y elevarse, a salvo de la disolución en el entorno material
y protegido del extravío, pues no es suficiente con satisfacer las
necesidades simplemente, se debe tener en cuenta el hacerlo de
manera licita.
Este principio no ignora la realidad del ser humano y sus
necesidades, ni considera que no satisfacer los deseos sea el
camino a la perfección. No considera que la lucha contra el alma
propia y debilitar el propio cuerpo sean desafíos espirituales o
ejercicios encaminados a fortalecer el espíritu. No considera que
exista contradicción entre el cuerpo y el alma, a diferencia de lo
que piensan el sufismo y algunos otros grupos.
Añadiremos aquí la importancia que el Islam concede al
principio de la limpieza y la purificación de lo impuro, hasta el
punto de considerarlo parte de la fe. Existen cientos de hadices que
se ocupan de este tema y que son la fuente de las enseñanzas
islámicas. Así pues, la higiene, la purificación y la limpieza son pilares fundamentales de la nobleza y de la dignidad del ser
humano.

Opinión y creencia
a- La opinión y las creencias son el fruto del pensamiento
humano y el resultado de la parte más noble de su existencia y su
ser. El Islam manifiesta su respeto por ambas y se esfuerza por
preservar la libertad de ellas. Por ello, ha dejado en manos del ser
humano la cuestión del razonamiento y del esfuerzo intelectual
para alcanzar el conocimiento de la creencia correcta. El Islam
declara que toda creencia que no esté fundamentada en el
razonamiento lógico y sus principios no tiene valor alguno y no
existe excusa para la persona excepto cuando no es capaz de
alcanzar por sí misma la creencia correcta a pesar de toda su
reflexión y esfuerzo, pues la religión no se puede imponer a la
fuerza:

No hay compulsión en la religión.

Sagrado Corán, 2:256
b- La buena intención es el espíritu de la adoración y cada
persona recibirá de acuerdo con sus intenciones, como nos
recuerda el noble hadíz. No obstante, el ser humano no puede ser
excusado por sus intenciones e ideas, sean éstas las que sean,
excepto si las transforma en hechos y palabras. Así, en un noble
hadíz profético encontramos las siguientes palabras: Dios ha eliminado de mi comunidad nueve cosas: el error, el olvido, lo que no conocen,
lo que está por encima de sus posibilidades, lo que se ven obligados a realizar,
aquello que no les queda más remedio que realizar, la envidia, el mal
presagio y los pensamiento que van acompañados de dudas sobre la creación
de Dios hasta incluso cuando no se expresan.
De las cosas más hermosas que el Islam enseña y protege en
su intento por honrar al ser humano y sus múltiples esfuerzos son
los esfuerzos malogrados. Son muchos los esfuerzos que el ser
humano realiza por la causa del bien, dedicando a ello sus bienes
y su tiempo, su preocupación y su propia persona, sin que logre
alcanzar sus objetivos debido a errores de análisis o a dificultades
que surgen en su camino, de manera que sucumbe en el proceso y
la historia se olvida de él, por causas de las que él no fue
responsable. Son numerosas las ocasiones en la historia en las que
se realizaron grandes esfuerzos y los errores impidieron que esos
esfuerzos dieran sus frutos, sin embargo, el Islam tiene en cuenta
esos esfuerzos malogrados y los sentimientos que se gastaron en
vano en la senda de difundir el sagrado mensaje y, desde su punto
de vista, esos esfuerzos y energías no se desperdiciaron ni
quedaron ignorados:
Y quien emigre por la causa de Dios, encontrará en la
Tierra refugio abundante y amplio. Y la recompensa de quien
salga de su casa, emigrando hacia Dios y Su Mensajero, y le
sorprenda la muerte, recae sobre Dios. Y Dios es perdonador y
misericordiosísimo.

Sagrado Corán, 4:100

“El acierto recibe dos recompensas y el error una.” Es una
bien conocida sentencia de la jurisprudencia.
El Islam no cesa de esforzarse para proteger la dignidad
del ser humano e impedir su decadencia y extravío. En esa senda,
ofrece al ser humano la creación de una sociedad acorde con su
misma naturaleza y realidad, analiza todos los aspectos de su
existencia y crea el ambiente adecuado para el desarrollo de sus
cualidades y la educación de sus capacidades.
Es necesario realizar esta observación, pues nos damos
cuenta de que el ser humano se ve afectado por su sociedad e
influenciado en sus emociones y todo ello es claramente
observable en sus acciones, en su comportamiento y en su fe,
condicionadas por el entorno en el que vive.
Y, puesto que el objetivo para la realización de esta
sociedad es el propio ser humano y el elemento fundamental para
su construcción es también el ser humano mismo, se hace
obligado observar la realidad del ser humano y concebir el diseño
y la planificación de la sociedad a la luz de esa realidad.
Esa sociedad no puede ser una sociedad individualista ya
que ese tipo de sociedades no tiene en cuenta el fundamental
elemento presente en la naturaleza humana que supone la
dimensión social en su vida. Por ello, ese tipo de sociedades
desarrollan muy rápidamente los aspectos negativos que generan
las malas tendencias que se manifiestan en forma de egoísmo y a
las cuales se refiere el Sagrado Corán cuando nos habla del alma
que incita al mal (an-nafs al ammara bi s-su)

Este aspecto de la personalidad humana emerge en
aquellas sociedades en las que no existe protección ni un entorno
armónico para el individuo y, a consecuencia de ello, se alimenta
el egoísmo y se perturba la coexistencia social, se impone la
fuerza y se oprime a los más débiles. Los débiles pasan a ser
simples instrumentos, con lo cual se priva a la sociedad humana
de una importante parte de sus capacidades y energías. Y, por otra
parte, la fuerza se transforma también en un instrumento que
favorece el egoísmo y los intereses egoístas.
Cuando sucede esto, las leyes vienen a ser el reflejo de
la situación existente y dejan de servir al propósito verdadero, que
es proteger la condición humana. Las sociedades que se rigen por
tales principios se revisten entonces con las características de una
lucha injusta y opresora en la que el fuerte domina al débil y el
interés particular se impone al interés colectivo.
Esta sociedad tampoco puede ser “socialista”, ya que las
sociedades que se conforman sobre ese principio ignoran otro de
los elementos constitutivos de la naturaleza humana: la libertad y
la independencia y concibe al ser humano únicamente como una
de las múltiples partes que conforman la sociedad. En ese tipo de
sociedades solamente se tienen en consideración los intereses del
grupo o de la colectividad y la planificación social queda
totalmente condicionada a ese punto de vista.
En este caso la naturaleza de la sociedad así organizada
niega la dimensión individual de la persona y la priva de su
imagen básica y original.

Sus múltiples talentos naturales no crecen y la sociedad
le priva de muchas de sus capacidades y de su potencial
individual. La imagen del individuo se refleja en la sociedad por
medio de la ley de la interacción de los individuos con la sociedad
y viceversa. Por ello, se produce una contradicción permanente en
el funcionamiento de la sociedad y una constante fluctuación
negativa en la vida de los individuos.

El ser humano y la formación de la sociedad
De hecho, la comunidad propuesta por el Islam es una
sociedad que reconoce la naturaleza de la persona en todos los
aspectos personales y sociales.
Para explicar este punto, pedimos al lector que fije su
atención en lo que dijimos al principio de esta exposición relativo
a la existencia en el ser humano de una naturaleza innata positiva,
la presencia de tendencias malvadas y el conflicto psicológico que
en el ser humano conforman la independencia y la libertad.
Luego, decimos que los actos positivos y buenos que
surgen del ser humano no entran en contradicción con los
derechos de los demás y se conjugan con los intereses de la
sociedad y que eso se expresa en el Islam mediante ordenanzas
relativas al corazón sano y al alma segura (an-nafs al-mutmainna),
mientras que aquellos actos que entran en conflicto con los
derechos de los demás tienen que ver con los deseos del alma que

ordena el mal (an-nafs al-ammara bi s-su), conforme a la
terminología religiosa.

No hay duda de que la identificación de estos dos tipos
de actos implica definir el concepto de lo que es la verdad y el
derecho, y el derecho forma parte de la organización general que
se propone para la sociedad y es un efecto establecido y
consolidado derivado de las disposiciones generales de
observancia necesaria en las relaciones de unos individuos con
otros.
Con esta breve explicación podemos imaginar la libertad
del individuo como una línea que transcurre paralela a la libertad
de los demás y visualizar los intereses de las personas en
consonancia con los intereses sociales.
Por otro lado, podemos preservar todas las cualidades
positivas de la persona sin asomo de tiranía, opresión o conflicto
entre individuos y clases, más bien como una sinergia entre los
miembros de la comunidad y la santidad de los derechos de los
demás.
Y apresuraos hacia el perdón de vuestro Señor y hacia un
jardín cuya extensión es como los cielos y la Tierra y que ha
sido preparado para los temerosos de Dios.

Sagrado Corán, 3:133

E id por delante en la realización de buenas obras.
Sagrado Corán, 2:148

Las diversas actividades de las personas se complementan de
manera positiva y facilitan la cooperación y la interdependencia
de diversos tipos y modalidades.
Las enseñanzas islámicas, establecidas sobre el principio del
honor y la dignidad humanos, son las que establecen el carácter
sagrado de todas las necesidades humanas. Así pues, el Islam
reconoce todas esas necesidades y las considera bendiciones de
Dios y establece la normativa con la que manejar esos deseos,
reconociendo que esforzarse por satisfacerlos de manera legítima
es parte de los actos de adoración a Dios.
De esta manera, el comercio, la agricultura, la construcción
son consideradas actos de adoración y el esfuerzo para obtener la
provisión de manera lícita se considera parte del “combate por la
causa de Dios” (yihad). Por tanto, el trabajo es adoración, el
matrimonio es adoración, y por ello dice el Mensajero de Dios
que quien se abstiene del matrimonio no es de los suyos.
En sus orientaciones a Abu Dar al-Gaffári, el Mensajero de
Dios establece un principio que indica que el musulmán puede
mantenerse en un estado de adoración permanente, incluso
mientras duerme y mientras come. El Islam no acepta la renuncia
a satisfacer las necesidades propias y el hecho de ignorarlas y en el noble hadíz considera que Dios no responde las súplicas de
quienes se dedican únicamente a rezar y abandonan el esfuerzo de
buscar la provisión cotidiana y favorece a quienes se ocupan de
ello.

El Islam y la sociedad
En muchas de estas enseñanzas encontramos un gran
esfuerzo por mantener la coordinación de todos los aspectos del
ser humano, sin permitir que unos dominen sobre los otros.
La más destacada de esas enseñanzas es la que en el
Islam trata de la posición y condición de la mujer y del esfuerzo
para que el aspecto femenino de su personalidad no se imponga
sobre el resto de los aspectos de su persona.
Con este fin, prohíbe a la mujer la utilización de su
capacidad de tentar y seducir, impidiéndola que su humanidad
quede asfixiada en su femineidad. Por ello, no deberá mostrar sus
encantos fuera de su entorno familiar, ni la sociedad la deberá
contemplar como un objeto de consumo sensual y sexual, de
manera que su estatus como ser humano no se vea reducido
únicamente a su femineidad, no se proteja el equilibrio del
conjunto de su naturaleza y pierda los aspectos básicos de su
personalidad.
En las enseñanzas islámicas se pone un énfasis particular
en todo aquello que tiene que ver con la protección de la nobleza y la dignidad de los demás. Para todo musulmán es obligatorio
respetar al prójimo, tanto su persona, como sus bienes y su honor
y se prohíbe terminantemente agredirle, tanto física como
verbalmente.
El Islam inicia la protección del ser antes incluso de su
nacimiento y para ello establece toda una serie de normas.
Aconseja a quien busca casarse que elija una buena madre para
sus hijos. Así, leemos en un noble hadíz : “Elige en quien
depositaras tu esperma.” Después, establece los cuidados a tener
en cuenta durante el embarazo, el parto, la lactancia, la infancia y
los ciclos de la educación. Así, encontramos cientos de
disposiciones legales relativas a estos temas, todas ellas
fundamentadas en el principio del respeto al ser humano.
Pudiera parecer, al lector desinformado que se acerca al
Corán y al hadíz, que algunas veces se pretende rebajar el valor
del ser humano. Así, encontramos en el Sagrado Corán
numerosos versículos en los que se dice que el ser humano ha
sido creado de cieno, o de un líquido impuro, o de esperma, o de
un líquido que surge de la zona situada entre la columna vertebral
y las costillas:
Así pues, que observe el ser humano de qué ha sido
creado. Ha sido creado de un líquido eyaculado que sale de entre
la columna y las costillas.

Sagrado Corán, 86:5,6 y 7.

Y también en los hadices leemos que el origen del ser
humano es de baja condición y que el final de él y lo que le espera
tras la muerte no le ennoblece, y cosas similares.
Pero lo cierto es que el Islam, con esas palabras trata de
proteger al ser humano de caer en la arrogancia y el falso orgullo
y de que pierda el camino, en especial cuando tiene que
enfrentarse a la victoria y al éxito:
¡Pero no! En verdad, el ser humano se rebela cuando se
cree autosuficiente.

Sagrado Corán, 96:6 y 7.

El ser humano se vuelve arrogante cuando posee
riquezas, hijos y gloria y eso le coloca en una situación psicológica
de gran peligro.
Para curar ese tipo de enfermedad, el Islam trata de
aconsejar al ser humano de diferentes maneras, con palabras que
le evidencien que el honor y la dignidad que disfruta son
únicamente el resultado de la voluntad divina y que él ha sido
creado de elementos que no difieren de aquellos con los que han
sido creados el resto de los seres humanos.
Por tanto, la dignidad es un depósito que Dios confía al
ser humano y por ello no debe dejarse engañar y considerarlo propiedad suya, ya que todo lo que posee son mercedes
depositadas por Dios en sus manos, las cuales debe utilizar con
honestidad y pureza:
Y repartid de lo que Dios os ha confiado como
representantes Suyos.

Sagrado Corán, 57:7

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