Los orígenes del Islam Shiita y sus principios

Alamah Sheij Muhammad Huseín al-Káshif ul-Guitá

En verdad, si nuestros hermanos musulmanes conociesen la realidad de las creencias de los shiítas y fuesen justos, la literatura antishiíta escrita por autores sunnitas, en la cual yacen los fundamentos de la enemistad mutua y satisface los planes de los imperialistas y de las fuerzas antirreligiosas, se terminaría.

Introducción

Hace casi dos años, recibí una extensa carta de un estudiante iraquí, en la que me contaba brevemente que había tenido un intercambio de puntos de vista con eminentes sabios de Al-Azhar (Universidad Teológica de Egipto). En algunas oportunidades, ellos hablaban de Nayaf al-Ashraf (localidad de Iraq donde se encuentra la tumba de Imam Alí (a.s.), de los sabios de ese lugar de enseñanza, de sus formas de estudio y también de aquellos que se consagraban a la atmósfera espiritual del mausoleo de Hadrat Alí (a.s.).
Por supuesto, la clase educada de El Cairo alababa grandemente a la gente de estudio de Nayaf y estaban fuertemente impresionados por los avances intelectuales de sus sabios. Pero, a pesar de todo, eso no les impedía decir: ¡Que pena! ¡Son shiítas!
La persona que me escribió, decía que estaba muy sorprendido por esto y que acostumbraba a defenderse ante ellos alegando:
– Caballeros, los shiítas constituyen una escuela islámica y son parte de la comunidad musulmana.
Ante esto, la respuesta de ellos era:
– No señor. Los shiítas no son musulmanes ¿Qué tiene que ver el shiísmo con el Islam? Contarlos como una de las escuelas de pensamiento y como una de las creencias del mundo, es algo errado. Ellos son sólo un plan maquinado por los iraníes y una maniobra política para derrotar al gobierno Omeya e instaurar el califato Abbásida.1 ¿Qué tiene eso que ver con las leyes prescritas por Dios?
Después de esto, el joven me escribió:
Respetado señor: Soy un joven que carece de conocimientos sobre la religión (islámica) y sus diferentes escuelas de pensamiento. No conozco la filosofía de la formación religiosa islámica, ni la historia de su florecimiento. En consecuencia, me han entrado algunas dudas (sobre la posición de los shiítas).
Tras escribir estas palabras, este estudiante de la Alta Casa de Estudios de El Cairo, me solicitaba que le desvelara la verdad y alejara de él sus preocupaciones mentales. Añadiendo que, si su solicitud era desoída por mí y él, a consecuencia de ello, se apartaba del camino recto, yo sería el responsable.
Por todo ello, consideré necesario responderle y le escribí una carta contestándole en la medida de su inteligencia. Debo admitir, sin embargo, que mis propias preocupaciones eran mayores que las dudas de este joven.
Pensaba: ¿Cómo es posible que, en un país culto como Egipto, la antorcha de la enseñanza islámica, el centro de los árabes y, más aún, de todos los musulmanes, se encuentre tal estado de ignorancia y hostilidad entre sus intelectuales?
Fue por casualidad que llegó a mis manos un libro escrito por el famoso Ahmad Amín, titulado Fajr ul-Islam. Comencé a leerlo y, cuando llegué al lugar en el que hablaba de los shiítas, sentí que este autor erudito no estaba escribiendo un tratado, sino que construía castillos en el aire, fantaseando sobre asuntos irreales.
En la época actual, incluso si un hombre de la distante China escribiese semejantes barbaridades, no podría ser fácilmente perdonado y disculpado por su ignorancia.
El hecho fue que, en ese momento, tuve la seguridad de que, aquello que me había escrito el estudiante iraquí, era correcto. Al mismo tiempo, una idea sacudió mi mente: Si la gente que acostumbraba a escribir, los intelectuales, poseían tal mentalidad ¿Cuál sería entonces la condición de las masas iletradas o medio alfabetizadas? Sin embargo, en concordancia con el espíritu de nuestra época, todo musulmán de hoy en día apoya la unidad y confraternidad de los musulmanes y cree que, sin tal unidad, nuestra existencia y nuestra muerte carecerían de sentido.

En verdad, si nuestros hermanos musulmanes conociesen la realidad de las creencias de los shiítas y fuesen justos, tal literatura, en la cual yacen los fundamentos de la enemistad mutua y satisface los planes de los imperialistas y de las fuerzas antirreligiosas, se terminaría.
Analicemos el siguiente pasaje de Fajr ul-Islam y consideremos sus repercusiones:
“La verdad es que el shiísmo fue el refugio de los destructores del Islam” pág. 330.
El escritor no es inocente. Él sabía perfectamente que sería perseguido por el lápiz de los críticos y que heriría los sentimientos de una nación de decenas de millones de personas, la cual posee un amplio poder dentro del mundo musulmán.
Fue entonces que aconteció un hecho bastante sorprendente. Cuando el año pasado, una delegación cultural procedente de Egipto y compuesta de 30 miembros, llegó a Nayaf, incluía al mismísimo Ahmad Amín. Todos los miembros de la comisión vinieron a mi residencia.
Era el mes de Ramadán, anochecía y la reunión se prolongaba bastante. Ni bien vi a Ahmad Amín, vino a mi mente Fajr ul-Islam. Como este libro había sido leído por un gran número de nuestros sabios, comenzamos a exponerle objeciones en un tono muy suave y amable, para no herir sus sentimientos. El mayor argumento que pudo esgrimir Ahmad Amín en ese momento, fue que carecía de información y de textos en los cuales investigar. Nosotros le respondimos:
– Señor, cuando alguien pretende escribir sobre algún tema, debe reunir primero una cantidad suficiente de material relevante y luego examinar todo el asunto. De lo contrario, no tiene derecho a tocar ese tema en absoluto.
Consideremos las bibliotecas de los shiítas ¡Que bien provistas están! Si examinamos mi propia biblioteca, encontraremos en ella más de 5.000 libros escritos por autores sunnitas. Y ésta es una colección de textos de lo más habitual en una pequeña ciudad como Nayaf. ¡Resulta sumamente extraño que Egipto, con sus muchas y enormes bibliotecas, se encuentre desprovista de literatura shiíta! Por supuesto, esta gente no sabe nada acerca del shiísmo, sin embargo, no dudan en escribir sobre los shiítas cualquier cosa que se les ocurra.
¡Resulta incluso más extraño aún, que algunos de nuestros hermanos sunnitas de Iraq, vecinos de nuestra comunidad, sean también ignorantes del shiísmo!
Hace unos pocos meses, un prometedor joven shiíta de Bagdad me escribió relatándome lo que le había sucedido al ir a Daylam (localidad adyacente al distrito de Bagdad). La mayoría de la gente del lugar es sunnita. El joven muchacho intimó con ellos y concurría a sus reuniones. La gente de Daylam quedó inusualmente impresionada con el excelente comportamiento y la elevada moral del extraño y le dispensaron una cálida acogida. Cuando supieron que la persona por la que estaban tomándose tanto interés era shiíta, su sorpresa no tuvo límites.
– Creíamos que la gente de la comunidad shiíta estaba privada de la más pequeña luz de civilización y cultura. Que eran totalmente salvajes.
Tales eran sus comentarios y especulaciones.
En la carta, este joven apelaba a mi conciencia, expresando que, a través de mi pluma, yo debería remover tales malos entendidos de la mente de gentes como estas y mostrar la verdadera imagen del shiísmo.
Después de cierto tiempo, este mismo joven viajó a Siria a pasar un verano y después viajó a Egipto. Volvió a escribirme desde allí, explicándome que la situación de ignorancia de la gente de El Cairo no era diferente de la de Daylam. En su carta me decía:
– Aquí también existen los mismos puntos de vista acerca de los shiítas. Por lo tanto, la situación exige que usted asuma su deber de informarles acerca de la verdad. Créame, los puntos de vista que la gente común se ha formado acerca de los shiítas son intolerablemente ofensivos.

Esto no era todo. Las falsas acusaciones que continuamente son publicadas en los diarios de Egipto, Siria, etc… no son menos dolorosas. Aquellos bajos ataques son tan inocentes como José pero, desafortunadamente, la ignorancia y el fanatismo no tienen remedio.
El silencio frente a la transgresión es sinónimo de aceptación de la injusticia. En consecuencia, yo tenía la obligación de hablar. Pero debe quedar claro que no es mi intención responder a los que calumnian a los shiítas, sino eliminar el velo de los ojos de los musulmanes, de manera que la verdad sea claramente visible para ellos. Además, esta puede servir de última palabra contra los elementos hostiles a los shiítas y, a la vez, como una verdadera ilustración del shiísmo. Esperamos también que sirva para remover la mutua discordia entre los musulmanes, a fin de que escritores como Ahmad Amín nunca más tengan la mínima oportunidad de dar rienda suelta a sus actividades destructivas.
El autor de Fajr ul-Islam escribe: “La verdad es que el shiísmo ha sido el refugio de aquellos que deseaban destruir el Islam a través de la enemistad y de su discurso sin fundamento y han sido el lugar de refugio de todos aquellos que deseaban introducir sus ancestrales enseñanzas de las religiones Judía, Cristiana y Zoroástrica en el Islam.”
Luego, continúa diciendo: “Así, la creencia en el rayah (el retorno a la vida de este mundo de algunas personas muertas), proviene de los judíos. Los shiítas también creen que el fuego del Infierno está vedado (es ilícito, harám) para ellos. Los judíos también sostienen que el Fuego no los tocará más que por unos pocos y contados días.”
“La influencia cristiana aparece en la forma en que algunos de los shiítas relacionan al Imam con Dios, que es la misma en que los cristianos relacionan a Jesús con Él. También ellos creen que el Imam es la confluencia del Lahut y el Nasut (el ser divino y el ser terrenal). Igualmente, de acuerdo a su creencia, la continuidad de la profecía y el mensaje (Risalah) es inquebrantable. Sostienen el punto de vista de que, aquel que es absorbido en el Lahut, es un profeta. Además, también aparece en las creencias shiítas la trasmigración de las almas, el cuerpo físico de Dios y el julul (la entrada de Dios en un cuerpo), que son todas creencias de los Zoroastrianos.”

Por temor a destruir la unidad de la comunidad musulmana y de incitar al odio, me abstendré de responder a estas acusaciones. De otra manera, sería muy fácil demostrar a aquellas gentes quiénes realmente han introducido en el Islam formas antiislámicas a fin de socavar y dividir a la comunidad musulmana.
Por supuesto, me gustaría preguntarle al autor de Fajr ul-Islam lo siguiente: Señor ¿Cuál es ese grupo de shiítas que deseaba destruir el Islam? ¿Fue el primer grupo?, el cual incluía a compañeros selectos del Santo Profeta (s.), tales como Salmán Mohammadí, Abu Dhar al Ghiffarí, Al-Miqdád, Ammar Iaser, Juzaima, Dhush Shahadatain, Abu Tihan, Hudhaifah Iamaní, Az-Zubair, Al-Fadl ibn al-Abbas y su respetado hermano Abdul lah, Hashim ibn Utbah, Al-Marqal, Abu Aiub al-Ansarí, Aban y su hermano Jalil, el hijo de Sa’id ibn al-’As, Ibn Ka’ab y Anas ibn al-Hariz, quienes escucharon al Santo Profeta decir:
– Mi hijo Husein será martirizado en un lugar llamado Kerbalá. Aquellos de vosotros que estéis presentes, deberéis acudir a su auxilio.

De acuerdo con este dicho, Anas bebió la copa del martirio el día 10 de Muharram del año 61 h. (Ver: Al Isabah fi ma’rifatis sahabah y Al Isti’ab fi ma’rifatis sahabah). Estos dos textos sobre las vidas de los compañeros, son las compilaciones más auténticas entre la comunidad sunnita.
Si tratásemos de reunir la lista de compañeros shiítas y de comprobar su shiísmo, se requeriría un libro muy extenso y voluminoso. Y el hecho es que, los nobles esfuerzos de los sabios shiítas han hecho que esto sea innecesario. La maravillosa obra Ad-Darayat rafi’ fi tabaqatush shi’a, escrita por el sabio Seyed ‘Alí Jan, el autor de As-Salafah y del diccionario Tarazul Lugah, describe las grandes personalidades de los hashemitas eminentes, tales como Hamsa, ‘Aqil Sa’id Judrí, Qais ibn Sa’id ibn Ubada, Buraida, Bura’ ibn Málik, Jabab ibn al-Irtz, Refa’a ibn Málik, Amir ibn Wa’ila, Hind ibn Abi Hala, Yu’da ibn Hubaaira, Majzumi y su madre Umm Hani bint Abi Tálib y Bilal ibn Riyah el Muezín (el que llama a la oración), etc…
Pero yo creo que, de libros como Isaba, Asad ul-Ghaba e Isti’ab, que tratan sobre las vidas de los sahaba (compañeros del Profeta), podemos reunir los nombres de 300 eminentes compañeros. Y es posible que alguna persona estudiosa pueda reunir una lista más extensa aún.
¿Acaso estas personas estaban deseosas de destruir el Islam? Si el Imam de los Shiítas, ‘Alí ibn Abi Tálib (a.s.), de quien “Az-Zaqalain” (El Libro de Dios y la gente de la Casa Profética) son testigos, no hubiera usado su afilada espada en las batallas de Badr, Uhud, Hunain, Azhab, etc…, el Islam no habría florecido ni habría obtenido un peso decisivo.
Abu Hamid Mu’tazalí comienza su poema diciendo:
“Ila ‘ainna ma al Islam lau lá hisamahú” (Si su espada no hubiese estado allí, el Islam…)
En efecto, si Dhul Fiqar, (“La que posee dos puntas”, la espada de Hazrat Alí) no hubiese estado allí; si el León de Dios no hubiese tomado el liderazgo, tal como lo hizo antes y después de la Hégira (la emigración del Profeta de Meca a Medina); si no hubiese existido la sincera ayuda de Hadrat Abu Tálib, el ilustre padre de Imam Alí (a.s.) y si Hazrat Alí al-Murtada (a.s.) no hubiera ofrecido su extraordinario apoyo en las santas tierras de Meca y Medina, el grupo rebelde de Quraix y los lobos sedientos de sangre de Arabia, hubieran cortado al Islam en flor.
Muchos musulmanes muestran poco respeto por los servicios de Abu Tálib (a.s.), de manera que ni siquiera parecen dispuestos a llamarlo “musulmán”, sin embargo, cuando hablan de Abu Sufián, la causa de todos los problemas del Santo Profeta (s.), se apresuran a relacionarlo con el Islam, aunque todo el mundo sabe que se alineó con los musulmanes con desgana y renuencia.
Cuando Hadrat Uzmán obtuvo el califato, fue él, Abu Sufián, quien gritó:
– ¡Oh hijos de Umayah! ¡Aferraos al califato como si agarraseis una pelota! ¡Juro por quien Abu Sufián puede jurar, que no existen ni el Paraíso ni el Infierno!

En resumen, conforme al veredicto de la mayoría sunnita, Abu Sufián es musulmán, en cuanto a Abu Tálib, el gran apoyo del Islam, cuyas creencias se hacen evidentes en estas palabras suyas:
– Según mi conocimiento, la religión de Muhammad es la mejor de todas las religiones del mundo.
es etiquetado de no-musulmán.
¿Acaso Abu Tálib era tan débil de intelecto que, sabiendo y sosteniendo que la religión de Muhammad (s.) era la mejor de todas, no la siguió por temor a la gente? Debería ser evidente que el actuaba condicionado por su posición central en medio de las fuerzas de la Meca y sus tirones.

Examinemos nuevamente la teoría de la subversión del Islam. ¿Eran estas personas que hemos mencionado las que deseaban destruir el Islam, o fue el grupo posterior, conocido como los Tabi’in (Los Seguidores), la generación siguiente a la del Profeta (s.), entre quienes se incluye a Ahnaf ibn Qais, Suwaid ibn Ghuflah, Atiyah, Ufi, Hakam ibn Atibah, Salim ibn Abi Ju’d, Hasan ibn Salah, Sa’id ibn Jubair, Sa’id ibn Musaiab, Asbagh ibn Nabatah, Sulaimán ibn Mohrán, e Iahia ibn Ia’mar Adwaní?
Después de ellos, vinieron las personalidades de los Tabi’in ut-Tabi’in (Los seguidores de los seguidores), quienes expusieron los fundamentos de las enseñanzas islámicas; tales como Abu Aswad Du’alí, el creador de la Sintaxis: Jalil ibn Ahmad, el fundador de la lexicografía y la ciencia de la rima poética; Abu Muslim Ma’adh ibn Muslim al-Hira’, el fundador de la gramática, como el mismo Suyuti reconoce (ver: Durr al-Manzur, vol. II de este conocido exégeta sunnita) y As-Sakit Ia’qub ibn Is’haq, el maestro de la literatura árabe.
Así mismo, entre el grupo de exégetas del Corán, encabeza la lista el nombre de ‘Abdullah ibn Abbas, cuyo shiísmo está más allá de toda duda. Luego vienen los nombres de Yabir ibn ‘Abdullah al-Ansarí, Abi’ ibn Ka’b, Sa’id ibn Musaiab y Muhammad ibn ‘Umar Waqidi, quien fue el primero en organizar las ciencias coránicas. El nombre de su exégesis es Ar-Ragíb. Ibn Nadim, junto con otros, ha reconocido que él era shiíta.
Entre los primeros que expusieron la ciencia del Hadiz, está Abu Rafi’, que era un esclavo liberado por el Santo Profeta (s.) y fue autor del libro Al-Ahkám was sunan wal qadaia. Tenía una relación especial con Amir al-Mu’minín ‘Alí (a.s.). Durante el califato del Santo Imam (a.s.) estuvo a cargo del Tesoro de Kufa. Sus hijos fueron también reconocidas personalidades. ‘Alí ibn Rafi’ fue secretario de Amir al-Muminín (a.s.). El fue el primero, después de su padre, que escribió sobre Fiqh (jurisprudencia). Su hermano ‘Abdullah ibn Rafi’ estuvo a la vanguardia de la recopilación de Historia y de los eventos de la comunidad musulmana.
Abu Hashim ibn Muhammad ibn Hanafiyah, nieto del Imam ‘Alí (a.s.), fue el primero en escribir acerca de la naturaleza de las creencias islámicas. Y escribió numeroso y admirables tratados sobre este tema. Podemos examinar también las obras de ‘Isa ibn Rauzah, que vivió en la época de Abu Ya’far, el Imam al-Baqir, la paz sea con él.
Debe notarse que las personas citadas, vivieron antes que Wasil ibn ‘Ata y de Abu Hanifah y que la opinión de Suyuti (conocido exégeta sunnita) de que aquellos fueron los primeros en ocuparse de escribir sobre filosofía y ciencias islámicas, es correcta.
Luego, debemos reflexionar acerca de la personalidad de dos eminentes shiítas, Qays an-Nasir y Muhammad ibn ‘Alí Ahwal, conocido como Mu’mín at-Taq’; y sobre Hisham ibn al-Hakám y An-Naubajt.
Este último pertenecía a una notable familia, que sirvió sin interrupción a la causa del Islam por más de cien años. Entre sus obras, Faslul Iaqut es de una importancias extraordinaria.
También entre los discípulos de Hisham Awal y An-nasir, merecen una mención especial los nombres de Abu Ya’far Sakak Bagdadí, Abu Málik Zuhak Jazramí, Hisham ibn Salim e Iunus ibn Ia’qub. Eran personas que mantenían grandes y profundos debates con sabios de otras religiones y proporcionaban argumentos irrefutables en temas tales como la Unidad Divina y el Imamato.

Si todos los ilustrados temas de discusión, particularmente los debates de Hisham ibn al Hakam, discípulo de Imam As-Sádeq (a.s.) fuesen reunidos, se confeccionaría un libro extraordinario. Del mismo modo, si quisiéramos reunir a todos los filósofos y eruditos shiítas, se requeriría un gran número de extensas recopilaciones.
Por tanto, yo pregunto al recopilador de Fajr ul-Islam, si estos hombres querían destruir la religión de Dios o si ellos eran tan conscientes, que trabajaban noche y día para reunir hechos y acontecimientos históricos y recopilar informes de asuntos relacionados con la vida, los milagros, las batallas y los acontecimientos de la vida del santo Profeta (s.).
Uno de los más notables eruditos sobre el tema fue Abán ibn ‘Uzmán al-Ahmar Tabi’i, muerto en el año 140 de la Hégira lunar. El fue discípulo del Imam Ya’far As-Sádeq (a.s.). Después de él, Hisham ibn Muhammad ibn Sa’ib Kalbí, Muhammad ibn Is’haq Matalabí y Abu Majnaf Azdí, continuaron desarrollando su ciencia. Todos los escritores modernos dependen de ellos como fuente de material en los asuntos históricos.
Si examinamos una lista de historiadores, encontraremos que los más notables de ellos eran shiítas. Por ejemplo, el compilador de Kitáb al Mahasin, Ahmad ibn Muhammad ibn Jalid Barqí, Nasr ibn Muhazim, Manqarí, Ibrahim ibn Muhammad ibn Saad Zaqafí, ‘Abdul Aziz Julud Basrí Imamí, Ahmad ibn Iaqub, cuyo libro Taríj ul-Iaqubí ha sido publicado en Europa, Muhammad ibn Zaqariia, Abu Abdul.lah Hakim, Al-Mas’udí, el autor de Muruy ud-Dahab, Muhammad ibn Ali ibn Tabátabáí, el autor de Adab us-Sultanyiah, y cientos de eruditos como ellos imposibles de nombrar aquí.
Entre los hombres de letras, los shiítas también están en mayoría. Los literatos pertenecen a diferentes épocas. El primer grupo fue el de los compañeros del Profeta (s.), todos ellos son shiítas, por ejemplo, Nabigha Ju’dí, quien participó en la batalla de Siffín junto a Imam ‘Ali (a.s.) y cuyos Rayaz (Versos Vehementes), compuesto con ocasión de ésta, son bien conocidos. Urwah ibn Zaid al-Jail también participó junto al Imam en la batalla de Siffín (ver Al-Aghaní). Algunas personalidades conocidas, como Lubaid ibn Rabi’ah Amirí fueron shiítas. Abu Tufail Amir ibn Wa’ilah, Abul Aswad Du’ulí y Ka’ab ibn Zuhair, el autor de Banat Sa’id, son algunos de los muchos literatos shiítas que no podemos mencionar aquí por falta de espacio.
El segundo grupo es el de los Tabi’in, es decir el de los seguidores, la generación siguiente a la del Profeta (s.). En este grupo se encuentran Al-Farasdaq, Kumait, Kathir, Sayyid Humairí y Qays ibn Dharih, quienes ocupan un destacado lugar en la literatura.
El tercer grupo, llamado “Los seguidores de los seguidores, Tabi’in ut-Tabi’in, entra ya en el segundo siglo de la Hégira Lunar. En él están Abu Nawas, Abu Tamam, Bahtarí, Da’bil Juza’í, Dik al-Jin, Abd us-Salam, Abush Shaish, Husein ibn Duhak ibn Rumí, Mansur An-Namrí, Ashja’ Asalmi, Muhammad ibn Wahib y Sari’ al-Ghawaní. Así mismo, durante el reinado de los califas Abasidas, todas las figuras eminentes de la literatura, excluyendo a Marwan ibn Abi Hafsah y a su progenie, eran shiítas.
Igualmente, entre los poetas celebrados y los hombres de letras del cuarto siglo, muchos eran shiítas : Mutanabbí, Magrib ibn Hani Andalusí, Ibn At-Ta’awidhí, Husein Hayyay, autor de Al-Maynûn, Kahyar Daylamí, Abu Faras Hamdaní, acerca del cual se ha dicho que la poesía comenzó y finalizó con él. También podríamos citar a Kashayum, Nashi Saghir, Nashi Kabir, Abu Bakr Jwarizmi, Badi’ Hamadaní, Tughra’i Ya’far Shams Ul-Jilafah, Ammarah al-Yamaní, Wida’i Zahi, Ibn Basam Bagdadí, Sibt ibn Ta’awidhí, Slami, Nami, todos los cuales eran shiítas.
Los shiítas adquirieron en la literatura un rango tan elevado, que los expertos decían “¿Existe acaso algún literato que no sea shiíta?” y para alabar alguna composición literaria destacada se acostumbraba a decir: “Fulano de tal escribe como los shiítas” y algunas personas ha dicho que Al-Mutanabbí y Abul ‘Ula también eran shiítas.
Los poetas shiítas de la familia de Quraish, tales como Fadl ibn Abbas, cuya historia viene narrada en Al-Aghani, Abu Dihbal Jamhi, Wahid ibn Rabi’ah y los literatos eruditos, tales como Sharif Radi, Murtada, Sharif Abul Hasan ‘Alí Alawin Jumaní, hijo de Sharif Muhammad ibn Ya’far ibn Muhammad ibn Zaid ibn ‘Ali ibn Al-Husein, descendiente del cuarto Imam (a.s.) son también dignos de ser mencionados.
Sharif Jumaní acostumbraba decir: “Yo soy un poeta, hijo de un poeta y nieto de un poeta.”. Muhammad ibn Al-Alawí era también un notable hombre de letras y escribir a cerca de Abul Faray Isfahaní, nos ha permitido acceder a las invalorables perlas de sabiduría que él dejó. Para mayores detalles, merece la pena estudiar Nasmatus Shar min Tashaiiu’ wa shi’r. En esta valorada obra maestra de Sharif Yamaní, no sólo hay un detallado recuento de los hombres de letra alawitas, es decir: pertenecientes a la familia de ‘Ali (a.s.), sino también, de los poetas shiítas de la dinastía Amawí. Por ejemplo, Zamakhsharí escribe en su libro Rabi’ ul-Abrar acerca de Abdu Rahmán ibn Hakam, Jalid ibn Sa’id ‘As y Marwan ibn Muhammad Saruyi Amwí, del que se citan los siguientes versos :

¿Oh descendientes de Hashim ibn Abdu Manáf
Donde quiera que yo me encuentre, soy vuestro.

Vosotros sois los elegidos de Dios,
Ya’far Taiiar pertenece a vuestra familia

‘Alí el León de Dios, Hamsa el tío del Profeta,
Al-Hasan y Al-Husein son miembros de vuestra propia familia

En efecto, a pesar de pertenecer al linaje Omawí
no tengo nada que ver con los Banu Omayah

Así mismo, es digno de ser mencionado Abu Narda, el bien conocido pensador de la escuela iraqí y Naydí. Existen muchos más hombres notables que podrían ser citados, pero, al estar escribiendo este libro sin preparación, me resulta difícil detallarlos a todos.
Si buscamos en la historia de los grandes reyes, hombres de estado, políticos y ministros (visires), encontraremos igualmente que los shiítas han ocupado puestos prominentes.
Los gobernantes Fatimidas y Bawaitas y otros reyes, como Al Hamdan, Banu Mazid, Banu Wasis, Imrán ibn Shahid, Muqallid ibn Musayyab, Aqili y Qarwash ibn Musaiab, eran todos shiítas. Igualmente, no es un secreto que Wayi ud-Dawlah Dhul Qarnain Taghlabí y Tamim ibn Mu’izin, el gobernador de Marruecos, eran shiítas.
Si estudiamos a los primeros visires musulmanes, encontraremos que todos ellos eran shiítas. Ishaq Katib, por ejemplo, fue quizás la primera persona a quien se aplico directamente el apelativo de “Visir”. Abu Salmah Jilal Kufí fue visir del primer califa Abasidas, Saffar, quien, en vista de su gran capacidad administrativa, le confió todos los asuntos del Estado. Abu Salmah era conocido como “Wazir Ali Muhammad ( El Visir de la familia de Muhammad) y fue por causa del amor que sentía por la familia de Muhammad, que murió mártir a manos del mismo Saffar.
Abu ‘Abdul lah Ia’qub ibn Daud fue el visir del Al-Mahdi al-Abbasí. El califa le confió la total administración del Estado. El poema :

¡Oh, Banu Omayah ! ¡Levantaos !
¡Salid de vuestro sueño y letargo!
Ia’qub Ibn Daud es, en realidad, el califa.

Se refiere a él. También sufrió cautiverio finalmente, a causa de su fe shiíta.
An Nawbajt y Banu Sahl, fueron también conocidos entre las familias de los visires. Fadl ibn Sahl y Hasan ibn Sahl fueron visires de Al-Ma’mun y de Harun ar-Rashid, ambos califas Abasidas. Igualmente, Banu al-Furat, y Hasan ibn ‘Alí, fueron visires del califa Al-Muqtadar. Abul Fadl Ya’far, Abul Fath Fadl ibn Ya’far y Amid Muhammad ibn Husein, así como su hijo menor Dhul Jifayatain Abul Fath ‘Alí ibn Muhammad, fueron visires de Rukn ad-Daulah.
Banu Tahir Jiza’í fue también nombrado ministro por Al-Ma’mun. Otros shiítas que fueron visires fueron : Mahlabí, Abu Dhalf ‘Ajallih, Sahih ibn ‘Ibad, el gran político magrebí y Abu Abdullah Husein ibn Zakariya, quien también fue conocido con el sobrenombre de “El Shiíta”.
Existen otros, aparte de ellos, tales como Ibrahim Suli, Talaya ibn Zarik, Afdal, el comandante en jefe de Egipto y su hijo Ya’far ibn Muhammad ibn Fatit, Abu Mu’ali Habatullah, visir de al-Mustazhir. Durante el reinado de los Barmakies, Hasan ibn Suleiman fue el secretario en jefe y también era conocido como shiíta.
Entre otros shiítas a quienes también les fueron confiados puestos administrativos, debemos mencionar al autor de Al Awraq, (Suli) Iahia ibn Salamah Hasfakí y a Ibn Nadim, el autor de Al Fihrist, a Abu Ya’far ibn Iusuf y a su hermano Abu Muhammad

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