Tratado “El Núcleo de los núcleos” (Parte IV)

Risale-ye
Lubb al-Lubāb
dar seyr wa sulūk
ūlī al-albāb

Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehraní
Traducción del Persa: Raúl González Bórnez

Una vez realizado el comentario
de los doce mundos del camino espiritual,
llega el momento de hablar de la vía
y las peculiaridades del camino espiritual.
Lo haremos en dos partes.
La primera será una explicación sintética
y la segunda una explicación detallada.

Breve descripción del camino espiritual
y de las particularidades de la conducta espiritual
en el viaje hacia Dios

Primer comentario

La primera cosa que el Sálek ha de realizar es una investigación sobre las diferentes religiones y creencias. En la medida de sus posibilidades y facultades deberá esforzarse para descubrir por sí mismo la estación de Unicidad de Dios Altísimo y la realidad de Su guía, aunque sea por medio de la especulación, las conjeturas y la mera preferencia.
Tras haber establecido, científicamente o por la vía especulativa, la imposibilidad de que existan varios dioses, habrá entrado en la vía del Sometimiento Menor (Islam) y de la Fe Menor.
Es necesario que toda persona que llega a la pubertad establezca por sí misma esta verdad. Todos los doctores de la ley están de acuerdo en ello
Si, tras esforzarse por discernir la verdad de las diferentes creencias y credos, no consigue establecer claramente una preferencia por alguna de ellas, deberá armarse de determinación y esforzarse en sus actos contemplativos, en su meditación y en sus súplicas para que se le permita ver la luz en el camino y no abandonar sus súplicas y oraciones hasta obtener resultados, tal como hicieron el profeta Idrís y sus seguidores, sobre nuestro profeta y su familia y sobre él la paz.
El Sálek debe utilizar estas oraciones (Ebtehál) y súplicas (tadarru) para hacerse consciente de su debilidad e impotencia y para que desde lo más profundo de su corazón surja la petición de ser guiado hacia la verdad.
Desde luego, Dios Altísimo no abandonará a Su siervo indefenso y carente en su búsqueda de la verdad:

وَ الَّذِينَ جَاهَدُوا فِينَا لَنَهدِيَنَّهُم سُبُلَنَا
Y a quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente, les guiaremos a Nuestros caminos.

Recuerdo que, estando en la muy noble ciudad de Nayaf bajo la guía moral y espiritual del fallecido Hayy Mirza Alí Qádí, Dios esté satisfecho de él, un amanecer que me encontraba sentado sobre la alfombrilla de mi oración en el terrado de mi casa me quedé dormido un instante y tuve una visión en la que vi a dos personas sentadas frente a mi. Uno de ellos era el profeta Idrís, sobre nuestro profeta y su familia y sobre él la paz, y el otro mi querido y noble hermano Hayy Seyyed Muhammad Husein Tabatabaí, quien actualmente vive en la ciudad de Tabriz en Irán.
El profeta Idrís comenzó a hablarme pero de tal manera que sus palabras salían por la boca de mi hermano.
El profeta Idrís dijo: “Durante mi vida tuve que enfrentarme a situaciones y acontecimientos terribles y traté de enfrentarme a ellos y resolverlos por la vía ordinaria y natural, pero me parecía imposible conseguirlo cuando, repentinamente, me sobrevino un estado espiritual en el que comprendí con claridad que una mano que estaba por encima del curso habitual de los acontecimientos y de las relaciones de causa y efecto se estaba encargando de resolverlos desde el mundo oculto a los sentidos físicos.”

Fue la primera vez que trascendí el mundo físico y penetré en el mundo que hay más allá de lo físico y así fue como comenzó mi relación con el mundo trascendente.
Entonces pensé que las palabras del profeta Idrís en las que se refería a los problemas y dificultades que tuvo que enfrentar tenían que ver con la etapa de la infancia.
Lo que quiero decir es que, si uno se acerca al Creador en busca de guía, con seguridad, Él se la otorgará. En esa situación es muy útil buscar la ayuda de los versículos coránicos que habla de los estados en los que se encuentra.
Dios Altísimo dice:

اَ لاَ بِذِکرِ اللهِ تَطمَيِنُّ القُلُوبُ
¿Acaso no es con el recuerdo de Dios
como se tranquilizan los corazones?

y también es útil recitar los Nombres de los Atributos divinos, tales como:

يَا فَتَّاح – يَا دَلّيلَ المُتَحَيِّرِينَ
¡Oh, Tú que das apertura! ¡Oh, Guía de los desconcertados!

y otros semejantes, desde luego, siempre y cuando uno los recite prestando total atención y desde lo más profundo del corazón.

Uno de nuestros amigos, relata:
“Me subí a un coche con la intención de tener el honor de visitar la tumba del Imam Al-Huseyn en la ciudad de Kerbalá.
Mi viaje partía de Irán y cerca de mí iba sentado un joven con la barba afeitada y aspecto occidental, así que no cruzamos palabra durante bastante rato. Repentinamente escuché que aquel joven estaba quejándose y llorando en alta voz. Me quede sorprendidísimo y le pregunté cuál era la razón de su llanto. Me respondió: “Si no se lo cuento a usted a quién podría contárselo. Soy ingeniero de caminos y arquitecto. Desde pequeño he recibido una educación alejada de los principios religiosos. Era materialista y no creía en la creación divina ni en la resurrección y la Otra Vida pero en mi corazón sentía un gran respeto y afecto por las personas creyentes, sin hacer diferencias por que estas fueran musulmanas, cristianas o judías.
Una noche me encontraba en la fiesta de unos amigos, la mayoría de los cuales eran baháis. Durante horas estuvimos riendo, charlando de cosas intrascendentes y bailando. Después de un tiempo noté dentro de mi un sentimiento de disgusto por mi comportamiento que me obligó a salir de la habitación. Subí a la parte superior de la casa y allí, a solas, lloré y dije: ‘Si hay un Dios, a Ti te suplico ¡Ayúdame!’ Y después de un rato volví a la planta baja. La fiesta terminó y yo regresé a mi casa.
Al día siguiente, tuve que salir a visitar un terreno con el director de los ferrocarriles y algunos cargos directivos para resolver algunos problemas técnicos. De pronto vi a lo lejos a un seyed muy luminoso que venía hacia mí. Cuando estuvo frente a mí, me saludo y dijo: ‘Tengo que hablar con usted de un asunto.’ Así que quedé con él al día siguiente por la tarde.
Casualmente, después de que el descendiente del Profeta se hubo alejado, alguien comentó: “Ese seyed es una persona muy santa ¿Cómo es que le has saludado de una manera tan indiferente?’
Cuando se acercó a mí pense que era un necesitado que venía a pedirme limosna y por eso le salude fríamente.
En ese día, repentinamente, el director del ferrocarril me ordenó que al día siguiente me presentase por la tarde un lugar a la misma hora en que había acordado verme con el seyed y que realizase tal y tal cosa, así que pensé que no podría entrevistarme con él.
Al día siguiente, cuando se acercaba el momento de mi cita, comencé a sentirme mal y a tener fiebre. Me fui poniendo cada vez peor hasta el punto que tuve que meterme en la cama y avisar al médico y disculparme por no poder asistir al encargo del director del ferrocarril.
Después de enviar a un mensajero que informase de mi estado al director del ferrocarril, comencé a sentirme mejor y me bajo la fiebre hasta volver a encontrarme totalmente restablecido. Comprendí que en esto había un misterio y me encamine a casa del seyed.
Nada más sentarme ante él, sin más preámbulos, comenzó a impartirme una lección de los principios doctrinales con toda clase de demostraciones, argumentos y pruebas, de manera tan convincente que accedí a la fe. Entonces me dijo. ‘Vuelve mañana.’
Durante varios días acudí a su casa. Cada día, nada más sentarme frente a él, me comentaba las cosas que me habían ocurrido durante el día sin que yo se las hubiese relatado previamente y sin añadir ni quitar nada de ellas, comentando mis acciones e intenciones, que sólo yo podía conocer.
Pasó algún tiempo y un día acudí a una reunión con unos amigos y me vi obligado a participar en una sesión de juegos de azahar.
Al día siguiente, cuando fui a verle, inmediatamente me dijo: ‘¿No te avergüenza haber cometido un pecado tan grande?’ Las lagrimas acudieron a mis ojos y, completamente arrepentido, le dije: ‘He cometido una falta. Me arrepiento de ello.’ Me dijo: ‘Toma un baño de purificación y no vuelvas a hacer algo semejante.’ Y luego me ordenó algunas otras cosas. En resumen, reformo mis actos y cambió el sentido de mi vida por entero.
Esto me sucedió en Zanyán. Pasado el tiempo, quise ir a vivir a Teherán y él me ordenó que visitase a ciertos sabios que allí vivían. Finalmente, se me dijo que realizase la peregrinación a los santos mausoleos de las ciudades de Kerbalá y Nayáf. Y esa es la razón de este viaje que estoy realizando, siguiendo las instrucciones de ese honorable seyyed. ”
Mi amigo dijo: “Estabamos ya cerca de Iraq cuando vi que, repentinamente, el joven volvía a llorar en alto y le pregunté la razón. Me dijo: ‘Acabamos de entrar en territorio iraquí y su santidad Abu Abdellah Imam Al-Huseyn, sobre él sea la paz, me ha dado la bienvenida.’

Lo que pretendo decir al contar este episodio es que, si alguien realmente y con sinceridad da un paso en busca de la elevación y desde lo más profundo de su corazón pide a Dios que le guíe, tendrá éxito y será guiado, aun cuando tenga dudas sobre la cuestión de la Unidad divina.

Una vez que el Sálek haya tenido éxito en su búsqueda, deberá buscar el Islam Mayor y la Fe Mayor sin perdida de tiempo.
Lo primero que se necesita en este estadío es conocer las leyes prácticas del Islam de la mano de un doctor de la ley y, una vez conocidas, deberá llevarlas a la práctica y ser constante en ello para que la certeza y el conocimiento de Dios se incrementen en él de grado en grado, pues el conocimiento es el heredero de la acción y la acción es la heredera del conocimiento.
Si alguien, realmente tiene conocimiento y certeza de algo, tratatará por todos los medios de actuar en conformidad con aquello en lo que cree. Y de la ausencia de actos acordes se conoce la posesión de un conocimiento incompleto y la poca firmeza de las convicciones y que, más bien, lo que la persona poseía era una imagen ilusoria producto de su imaginación.
Si alguien tiene la absoluta convicción de que el Dios Uno y Único es el Proveedor Absoluto, jamás se matará a trabajar para obtener riquezas y bienes, sino que se limitará a buscar lo que las leyes divinas estipulan, con tranquilidad y absoluta paz mental y solamente en la medida necesaria para cubrir las necesidades materiales propias y de su familia.
Si, por el contrario, para cubrir sus necesidades materiales vive en un estado de permanente ansiedad y trabaja y se esfuerza de manera excesiva, más allá de lo razonable, será evidentemente porque desconoce la naturaleza de Dios como Proveedor Absoluto y posee un conocimiento limitado de lo que es la provisión divina, creyendo que Dios le proveerá si se esfuerza al límite y se agota trabajando o, por ejemplo, cree que la provisión divina está limitada a las cuestiones monetarias, a permitirle obtener un salario y cosas semejantes.
Por tanto, ese estado de ansiedad externo o interno nos habla claramente de que carece de conocimiento o de que posee un conocimiento limitado de lo que es la provisión divina.
Esto es lo que significa que la acción es la heredera del conocimiento. Y un ejemplo de que el conocimiento es el heredero de la acción podría ser, por ejemplo, cuando alguien dice con sinceridad:
سُبحَانَ رَبِّي اَلأَعلَی وَ بِحَمدِهِ
Glorificado sea mi Señor, El Altísimo y alabanzas a Él.

Cuando él pronuncia esas palabras está evidenciando ante sí mismo su pequeñez, pues es evidente que no existe humillación sin exaltación. La humillación y la insignificancia de uno implican la exaltación y el poderío del otro. Por tanto, cuando la persona se hace consciente de la posición de absoluta grandeza de Dios, comprende inevitablemente su pequeñez e insignificancia.
Así, a partir de un acto pequeñísimo, como esta misma oración que se recita al realizar la prosternación en la oración, se comprende la grandeza y el poderío y la sabiduría absoluta de Dios, Bendito y Ensalzado.
Esto es lo que significa que el conocimiento es el heredero de la acción.
A eso se refiere Dios Todopoderoso cuando dice:

وَ العَمَلُ الصَّالِحُ يَفَعُهُ
y la obra recta la eleva.

Uno debe esforzarse en realizar los actos que la ley islámica considera obligatorios y abstenerse de aquellos que considera prohibidos, pues la conducta espiritual (sulúk) está en contradicción con la realización de actos prohibidos y la omisión de los actos obligatorios y los esfuerzos del Sálek tienen éxito únicamente cuando observa ambos principios. De lo contrario, de la misma manera en un cuerpo sucio, el oro y los adornos no realzan la belleza, los actos de adoración voluntarios y los ejercicios espirituales no producen frutos en un alma contaminada por el pecado.
Así mismo, deberá poner atención en apartarse de los actos desaconsejables (makrúhát) y en la realización de los actos recomendados (mustahabát), pues de ello depende la obtención de las moradas del Islam Mayor y de la Fe Mayor, ya que cada acto posee sus propias peculiaridades y beneficios y contribuye a que el viajero alcance la perfección de su fe, tal y como lo indica la tradición profetica transmitida por Muhammad ibn Muslim:

اَلإِيمَانُ لاَ يَکُونَ اِلاَّ بِالعَمَلِ، وَ اَلعَمَلَ مِنهُ، وَ لاَ يَثبُتُ الإِيمَانُ اِلاَّ بِالعَمَلِ
La fe no se obtiene más que mediante los actos, porque los actos son parte de la fe y solamente mediante los actos se consolida la fe.

Por ello, el Sálek debe realizar los actos recomendables, aunque sólo sea una vez, para que pueda disfrutar del placer y el beneficio que ese acto proporciona. Refiriéndose a ello, encontramos las palabras del Emir de los Creyentes Ali ibn Abi Táleb, sobre él la paz:

ايمان کامل از عمل متولّد می شود
La fe perfecta nace de las acciones.

Por ello, el viajero hacia Dios, en su viaje hacia la morada de la Fe Mayor, no debe ser negligente en la realización de los actos recomendados (mustahabát). Es evidente que su fe se resentirá y estará incompleta en la misma medida en que él sea descuidado y negligente en la realización de los actos recomendables.
Así, si un Sálek mantiene pura su mano y su lengua y el resto de las partes y miembros de su cuerpo y hace que estos cumplan en el pleno sentido de la palabra con las normas de buen comportamiento prescritas para los actos espirituales, pero, por ejemplo, a la hora de repartir de su riqueza no se esfuerza lo suficiente y no supera esa prueba, será señal de que su fe no es completa y permanecerá así mientras no supere esa prueba y, además, esa falta de fe plena le impedirá alcanzar moradas espirituales más elevadas.
Por lo tanto, deberá hacer que cada parte de su cuerpo y cada uno de sus miembros corporales disfrute la parte de fe que le corresponde hasta que todos ellos alcancen el grado de fe que les pertenece.
Por ejemplo, el corazón, que es gobernante del cuerpo, debe estar ocupado con el recuerdo de Dios y la reflexión (be dikr wa fikr).
Dikr significa la dedicación del corazón al recuerdo de los Nombres y Atributos del Creador, ensalzada sea Su dignidad y reflexión. Fikr significa que la atención y los movimientos del corazón deben estar orientados a las señales “del horizonte y de sí mismo” y a la meditación y reflexión sobre la creación y sentido de las mismas. Con la realización de estas dos acciones es como el corazón de la persona apaga su sed en la fuente de la fe.
اَ لاَ بِذِکرِ اللهِ تَطمَيِنُّ القُلُوبُ
¿Acaso no es con el recuerdo de Dios
como se tranquilizan los corazones?

Una vez que cada miembro y órgano del cuerpo a disfrutado y se ha beneficiado de la parte de fe que le corresponde, el viajero espiritual deberá iniciar su esfuerzo (muyáhada) para eliminar las impurezas e imperfecciones de su Islam Mayor y de su Fe mayor y liberarlas de la duda y la especulación y llevarlas al límite de la certeza.

اَلَّذِينَ آمَنُوا وَ لَم يَلبِسُوا إِيمَانَهُم بِظُلمٍ أُلولَئِکَ لَهُم الأَمنُ وَ هُم مُهتَدُونَ
Quienes crean y no mezclen su fe con opresión,
disfrutarán de seguridad y serán bien guiados. (6:82)

Y el resultado de ese esfuerzo espiritual, de esa muyáhada, es que no sólo guía al Sálek al camino recto (sirát al-mustaqím) sino que fortalece su fe y le pone a salvo de los ataques de Satanás.

اَلآ اِنَّ اَولِيَاءَ اللهِ لاَ خَوفٌ عَلَيهِم وَ لاَ هُم يَحزَنُونَ
Los amigos de Dios no tendrán que temer ni estarán tristes.

Jauf, aquí se refiere al temor hacia lo que aun no ha sucedido pero que se piensa que puede suceder y esa expectativa causa inseguridad y ansiedad y Huzn aquí se refiere a la tristeza por los actos realizados en el pasado de los que uno se arrepiente y entristece por considerarlos inadecuados o pecaminosos.
El Sálek hacia Dios deja de sentirse afectado por estos dos estados ya que ha establecido su asunto con Dios de una vez por todas. A parte de Dios no tiene otra meta u objetivo en su vida. No siente tristeza por las cosas sucedidas en el pasado, ni temor por lo que pueda suceder en el futuro porque no se proyecta hacia el pasado ni hacia le futuro, sino que vive en la atemporalidad de la presencia divina. Esa es la morada de la certeza (yaqín) y a quienes la alcanzan Dios les ha denominado “amigos” (awliyá).
A eso se refiere Emir al-Muminín Alí, sobre él la paz, al decir:

أَبصَرَ طَرِيقَهُ وَ سَلَکَ سَبِيلَهُ
وَ عَرَفَ مَنَارَهُ وَ قَطَعَ غِمَارَه
فَهُوَ مِن اليَقِينِ عَلَی مِثلِ ضَوءِ الشَّمسِ
Ha observado su camino y ha recorrido su senda.
Ha conocido sus brillos y ha cortado sus excesos
y por ello su certeza resplandece como los rayos del Sol.

Y también ha dicho:

هَجَمَ بِهِم العِلمُ عَلَی حَقِيقَةِ البَصِيرَةِ
وَ بَاشَرُوا رُوحَ اليَقِينِ
وَ استَلاَنُوا مَا استَوعَرَهُ المُترَفُونَ
وَ أَنِسُوا بِمَا اَستَوخَشَ مِنهُ الجَاهِلُونَ
وَ صَحِبُوا الدُّنِيَا بِأَبدَانٍ اَروَاحُهَا مُعَلَّقَةٌ بِالمَحَلِّ الأَلَی

Al contemplar la Realidad les invade el conocimiento
y les penetra el espíritu de la certeza.
Y encuentran fácil y agradable lo que parece áspero y difícil a quienes viven en el lujo y el exceso.
E intiman con lo que atemoriza a los ignorantes
y comparten este mundo con cuerpos
cuyos espíritus habitan en lugares elevadísimos.

En esta morada las puertas del desvelamiento y la contemplación se abrirán para ellos.

Desde luego, atravesar esta morada no esta en contradicción con que el Sálek continúe viviendo en este mundo y ocupándose de los asuntos cotidianos y sus corazonadas (wáredát-e qalbiyyah) no se oponen a las actividades exteriores, tales como el matrimonio, las ocupaciones laborales, el comercio, la agricultura y cosas semejantes. El Sálek, al tiempo que vive entre las gentes y se ocupa de sus asuntos cotidianos, viaja con su espíritu por el mundo de las almas y se relaciona con ellas. Se parece a la persona que ha sufrido una desgracia o ha perdido a un ser querido. Aunque parece estar en este mundo, habla, camina, se sienta, come y duerme, interiormente se encuentra desbordado por un torrente de recuerdos de su ser amado y, si alguien le observa detenidamente, se da cuenta de que vive sumergido en la tristeza y el dolor.
El viajero en la senda de Dios, al tiempo que se ocupa de los asuntos normales de la vida, posee un espacio interior ocupado por las relaciones y la unión con su Dios. Las olas del mar de su éxtasis golpean las paredes de su corazón y se quema en el fuego del amor y la pasión. La pena y la nostalgia de la separación del amado deshacen en lágrimas su corazón exiliado.
De esa revolución interior que sufre, nadie excepto Dios está informado. Pero quien observe su rostro, podrá descubrir con facilidad que aquello que le lleva a encontrarse en ese estado es el amor a Dios, la adoración a la Verdad Altísima y la atención a Su Sagrada Presencia.
Por ello, podemos comprender que las oraciones, lamentaciones, súplicas e invocaciones que han sido recogidas y recopiladas de los Imames Purificados no fueron premeditadas o realizadas con la intención de guiar y educar a otros. Si creemos eso es por ignorancia y por no haber alcanzado el estado de desvelamiento de las Verdades (edrák-e haqáieq). El rango espiritual (shán) que ellos poseían es mucho más majestuoso y la morada en que habitaban mucho más noble. No tiene sentido pensar en que en el estado en el que ellos se encontraban se dedicasen a elaborar toda una serie de discursos artificiales, repletos de súplicas y necesidades fingidas, fabricados calculadamente para ser utilizados como instrumentos educativos para llevar a la gente hacia Dios.

¿Es posible imaginar que las súplicas y lamentaciones realizadas por el Maestro de los maestros (Mawlá al-mawálí), Emir al-Muminín Alí y por su Santidad As-Sayyád, Imam Alí Zayn al-Abidín, sobre ambos la paz, que rompen el corazón y abrasan el hígado, no fuesen sinceras y respondieran meramente al deseo de educar a otros? ¡No!¡Imposible!
Este grupo de guías espirituales, la paz de Dios sea sobre todos ellos, habiendo atravesado el camino que lleva hacia Dios y penetrado en el recinto divino (harám-e Judá); habiendo alcanzado la morada de la permanencia tras la aniquilación (maqám-e baqá bad al-faná) es decir, la permanencia en el Adorado (baqá be mabúd), se encuentran en un estado entre dos mundos, el de la Unidad y el de la multiplicidad y pueden ver la luz de la Unicidad efundida en los lugares epifánicos del mundo de lo contingente y en la multiplicidad de seres materiales y angélicos.
Como consecuencia del alto grado de perfección que han alcanzado, contemplan los elementos del mundo material y del mundo angélico (mulk wa malakút) y no dejan de cumplir con ninguna de las reglamentaciones y disposiciones divinas, o de las reglas de cortesía, o de los estados propios de este mundo y, al mismo tiempo, prestan atención a las realidades de los mundos superiores. Es por ello que se les ha denominado “seres iluminados” (mauyúdát-e nuríyah).

El Creador, introducirá al Sálek en el mundo de la Apertura y el Triunfo (fath wa dafr) una vez que éste haya atravesado esos mundos y triunfado sobre Satanás.
Habiendo atravesado el mundo material y penetrado en el mundo del espíritu, comienza para él el supremo viaje, es decir, el viaje desde el mundo del alma y el espíritu hacia el mundo del Decreto Divino y de los Nombres de Dios (yabarút wa lahút).

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