“El aspecto social del Islam” – Imam Musa Sadr

Esta conferencia fue dada en Dakar, Senegal, el 15 de mayo de
1967. El Imam Musa Sadr estableció en este viaje de seis meses a África
profundas relaciones con los presidentes de las repúblicas, las personalidades,
los intelectuales, las gentes y los libaneses emigrantes en estos países.

Antes de comenzar la conferencia quisiera expresar mi
más sincero agradecimiento a la Asociación de Estudiantes
Musulmanes de Dakar, que ha organizado este encuentro con
gran dedicación y agradecer también la generosidad de la
universidad que nos ha facilitado su celebración.
Asimismo, me gustaría agradecer a las autoridades
senegalesas que nos han ahorrado esfuerzos y han maximizado nuestros resultados, para que así pudiésemos celebrar encuentros
culturales tanto con nuestros hermanos de la comunidad libanesa,
como con nuestros hermanos senegaleses. Considero que esta
noche hemos llegado a la cúspide de este periodo.
En cuanto al tema de nuestra ponencia, debemos empezar
contestando la siguiente pregunta: ¿Por qué se interesa el Islam
por el aspecto social e interviene en los asuntos de esta índole?
¿No sería más lógico que ahorrase energía y se conformarse con
enseñar y ofrecer conceptos sobre de la fe, la moral y los
individuos? ¿No hubiese sido mejor que el Islam se contentase
con educar al individuo, sin involucrarse en los aspectos sociales?

El individuo y la sociedad
La respuesta a estas preguntas, si lo que anhelamos es la
verdad, es que el individuo es una parte integral de su comunidad.
Es influenciado por su sociedad e influye en ella de forma clara.
El ser humano, en su naturaleza, su vida, su cultura, sus
necesidades y en todo lo demás, es parte de la sociedad y es
influido por ella. No podemos preocuparnos por la situación del
individuo y despreocuparnos del desarrollo de la sociedad. No es
posible trazar un plan detallado para el individuo y su educación y
dejarle viviendo en una sociedad que no se adecua a nuestras
enseñanzas y a nuestro plan.
Si queremos que los individuos sean honrados, creyentes y
educados, no podemos ignorar la sociedad en la que vive. Lo cierto es que el Islam así lo reconoce, por boca de su Profeta,
diciendo: «He sido enviado a vosotros para llevar a la perfección la buena
conducta».
Pero, ¿Acaso es posible preservar y mantener la buena
conducta de los individuos mientras viven en una sociedad que
no encaja con esta ética, con esta fe y con esta conducta?
Definitivamente, no.
Creo que la cuestión de que el ser humano se ve afectado por
su sociedad no requiere pruebas. Por eso, el Islam, que pretende
educar al individuo, intenta crear para él una sociedad acorde a su
crecimiento, su fe, su ética y su conducta. Este es el motivo por el
cual el Islam interviene en los asuntos de la sociedad.

¿Qué es y cómo se forma una sociedad?
No hay duda de que la sociedad está compuesta por
individuos, pero, ¿Es suficiente la presencia de individuos para
que exista una sociedad? No.
Supongamos que hay mil seres humanos que no tienen entre
sí ningún tipo de intercambio o interacción, no hay compra venta
ni relaciones de dar y recibir; si no hay intercambio entre los
individuos, entonces no existe sociedad. La creación de una
sociedad depende de la presencia de individuos que intercambian
actividades y competencias los unos con los otros. Cuando cada uno de ellos da y recibe, entonces es cuando se forma una
sociedad. De lo contrario no.
Por lo tanto, la formación de las sociedades depende del
intercambio, pero, ¿Cómo surgen estos intercambios entre los
individuos de la sociedad?
Pueden ocurrir por uno de estos tres motivos:
Primer motivo: disparidad de competencias.
Del mismo modo que el cuerpo de cada persona es diferente
al de los demás, asimismo su personalidad también difiere en
preparación y competencias. Esta disparidad entre los seres
humanos permite un flujo de intercambios entre los individuos.
Por ejemplo, si tenemos dos tipos de agua, una más fría y
dulce y la otra más caliente y salada; cuando las acerquemos, el
agua fría inmediatamente tomará el calor del agua caliente y la
caliente tomará el frio del agua fría, por lo que se creará un flujo
de intercambio entre ambas. Pero, si fuesen dos aguas con la
misma temperatura, entonces no se daría ningún tipo de flujo
entre ellas. Por lo tanto, el flujo significa intercambio, dar y recibir
y es la base de la formación de las sociedades debido a la
disparidad de competencias. Esto constituye la primera opción.
Segundo motivo: los objetivos, metas e intereses del ser
humano son mayores y más fuertes que el individuo, por lo que
una persona no puede alcanzar dichos objetivos por sí sola, necesita colaborar con los demás para ser más fuerte y ser capaz
de lograr sus metas.
Tercer motivo: el ser humano tiene que enfrentarse a
peligros, enemigos e inconvenientes que exceden sus capacidades
individuales. Si permaneciese aislado, sin cooperar con los demás,
no sería capaz de superar las dificultades, luchar contra sus
enemigos y defenderse.
Estos tres motivos, disparidad de capacidades, el hecho de
que los intereses y objetivos sean mayores que la capacidad del ser
humano y el que las pérdidas e inconvenientes superen sus
habilidades, obligan al ser humano a formar comunidades.
Estos tres motivos son inherentes al ser humano desde
su creación. Por consiguiente, la civilización, es decir, el deseo del
ser humano de crear sociedades, es un deseo natural y auténtico
porque sus motivos son auténticos. Según yo lo entiendo, la
opinión pública se basa en estos tres motivos cuando afirma la
naturaleza cívica del ser humano, además de en otras razones.
He mencionado todo esto con el propósito de llegar a este
punto. El deseo y el sentimiento de formar sociedades, es decir, el
deseo y el sentimiento de dar y recibir, o dicho de otra manera, el
deseo y el sentimiento de cumplir tus obligaciones (los derechos
de los demás sobre ti) y ejercer tus derechos (las obligaciones de
los demás hacia ti), este sentimiento que llamamos “sentido
cívico”, sentido de dar y recibir o sentido de derechos y deberes,
este sentimiento es genuino y natural en el ser humano. Por lo tanto, cuando el Islam trata este sentimiento lo hace con la
intención de examinarlo para hacerlo más profundo.

La autenticidad de la sociedad
En primer lugar, ese sentimiento existe en el ser humano,
pero el Islam lo trata para enraizarlo en el alma de las personas.
En segundo lugar, el Islam santifica este sentimiento y le
otorga belleza.
En tercer lugar, el Islam se consagra a este sentimiento
mediante sus enseñanzas y establece los parámetros y las pautas y
especifica el amplio abanico de posibilidades de las sociedades
religiosas.
Por lo tanto, si observamos estos tres puntos, vemos que el
sentimiento ya existe en el ser humano. ¿Cómo profundiza el
Islam este sentimiento? ¿Cómo lo santifica? y ¿Cómo se consagra
a él?
En cuanto a la primera pregunta, ¿Cómo profundiza el Islam
este sentimiento? me gustaría mostrar un pequeño ejemplo:
Cuando queremos educar a nuestros hijos, una opción es decirles
que no mientan. Nos enfrentamos al niño y le prohibimos que
haga algo. Este tipo de educación es superficial, mientras que si
convencemos al niño de que mentir está mal, explicando y
argumentando nuestra exigencia de no mentir diciendo “no mientas porque mentir está mal”, conseguimos una educación
más profunda. Podemos crear un entorno honesto donde no
sienta la necesidad de mentir y donde se sienta extraño si lo hace.
Este tipo de enseñanza es más profunda y fuerte.
Volviendo al tema de cómo profundiza el Islam el
sentimiento del ser humano de crear sociedades; el Islam no le
enseña solo a ser fiel a sus obligaciones, a dar y a recibir y a no
traicionar la confianza de los demás, si no que intenta ofrecerle
una imagen clara del mundo en el que vive. Así pues, le dice: «¡Oh
ser humano!, el universo en el que vives, que constituye tu entorno y ejerce un
efecto sobre ti, es una creación ordenada y bien definida, y cada una de sus
partes tiene una función cósmica precisa y relevante». Por lo tanto, si
quieres vivir en armonía con este entorno y este universo, tienes
que ser ordenado, preciso, digno de confianza y fiel a tus
obligaciones.
En el Corán encontramos el siguiente versículo:
«Él ha elevado el cielo y ha establecido la balanza.» (55:7).
¿A qué balanza se refiere? A la verdadera balanza. Es decir, a
la justicia en la creación y la precisión en la formación.
El Sagrado Corán dice:
«Quien ha creado y ordenado y Quien ha determinado y
guiado.» (87:2 y 3).
Todo es preciso y está fijo y organizado:

«Él ha elevado el cielo y ha establecido la balanza» ¿Por
qué? «Para que no engañéis al pesar.» (55:8).
Cuando digo que el universo está estructurado según la
balanza y que inspira confianza, quiere decir que el ser humano
que vive en este universo tiene que ser preciso al pesar y no
engañar, es decir, que lo que dé no sea inferior a lo que recibe.
Asimismo, no tiene que ser injusto al repartir.
Así pues, la manera que tiene el Islam de profundizar este
sentimiento es utilizar precisamente el orden, la generosidad y la
precisión del universo. Si tú como ser humano quieres estar en
armonía con este universo, tienes que ser preciso.
De este modo, la religión crea un ambiente profundo para el
ser humano con la intención de que sienta la necesidad de la
honestidad y la lealtad desde las raíces hasta el cielo. No existe
una exigencia superficial o un acto formal sino una acción basada
en estas raíces profundas. Así es como actúa la religión,
profundizando en el sentimiento humano de la necesidad de
cumplir con sus obligaciones y ejercer sus derechos para crear
sociedades, tal y como hemos explicado anteriormente.
El segundo punto es que el Islam intenta santificar este
sentimiento, es decir, el sentimiento cívico del ser humano, el
sentimiento de ejercer sus derechos y obligaciones o su
sentimiento de dar y recibir; ¿Cómo hace el Islam para santificar
este sentimiento y otorgarle un carácter sagrado? Pues utiliza
diferentes métodos.

El primer método consiste en defender la idea de que
compartir es parte de las obligaciones religiosas del Islam. Al
principio del Corán, en la Sura de La vaca, leemos:
«Una guía para los temerosos de Dios».
¿Quiénes son los Temerosos de Dios? Son descritos como
aquellos que cumplen con los cinco principios: el primero es:
«Aquellos que creen en lo que está oculto a los sentidos»,
el segundo:
«hacen la oración»
el tercero:
«y, de lo que Nosotros les proveemos, reparten»
el cuarto:
«Aquellos que creen en la revelación que se hizo descender
para ti y en la revelación que se hizo descender antes de ti»
y el quinto:
«y que tienen certeza de la otra vida.» (La vaca, 2-4).
En el tercero de estos cinco principios «de lo que Nosotros
les proveemos, reparten», repartir no se refiere solo a dar dinero.
Repartir de lo que les es dado significa compartir. Las personas temerosas de Dios comparten su conocimiento, su éxito, su
experiencia, sus habilidades y todo lo demás.
El que da es el que es temeroso de Dios. Por lo tanto, el
hecho de compartir, que es lo que constituye las sociedades, es un
acto pío. La labor social y cumplir con tus obligaciones sociales
son consideradas auténticas obligaciones religiosas.
Debemos saber que compartir, el sentido de compartir,
difiere del sentido de dar limosna. Compartir se aplica por
ejemplo al dinero que un hombre da a su esposa, lo cual es un
derecho de la mujer. No se trata de un sacrificio o de generosidad,
sino de cumplir con una obligación. El Islam le otorga al acto de
compartir un carácter tanto obligatorio como sagrado.
Del mismo modo, observamos que lo que el individuo le da
a la sociedad son los derechos que la sociedad tiene sobre él. El
ser humano le da a la sociedad estos derechos y toma de ella los
que le pertenezcan a él, derechos y deberes. Derechos que le han
sido dados a la sociedad por el ser humano y que él debe cumplir.
Así pues, podemos decir que todas las obligaciones del ser
humano consisten en cumplir con su responsabilidad. Quien
cumple con este compromiso es el que respeta por completo y
sin excepción los derechos de los demás. Cumplir con tu
compromiso significa cumplir con todas tus obligaciones. Por
consiguiente, podemos considerar que compartir, elemento
fundamental en la creación de las sociedades, es cumplir con este
compromiso.

Ahora, regresemos al carácter sagrado de este concepto, a la
responsabilidad, a la belleza y singularidad que posee para el ser
humano. Para ello debemos comprender el significado del
versículo coránico:
«En verdad, ofrecimos el depósito a los cielos, a la Tierra y
a las montañas, y rehusaron cargar con él y tuvieron miedo,
pero el ser humano cargó con él.»

(33, 72).
El ser humano es el único capaz de asumir y cumplir con la
confianza depositada en él. Esto nos lleva al segundo punto.
¿Por qué el papel cósmico que desempeñan el Sol, la Luna y
otros componentes del universo es considerado en el Sagrado
Corán como prosternación, alabanza y oración y no como el
cumplimiento de un compromiso?
Cumplir con un compromiso es un acto voluntario. El ser
humano cumple con sus obligaciones por voluntad propia,
mientras que el Sol, la Luna y el resto de elementos del universo
cumplen con ellas, no por obediencia, sino de forma involuntaria.
Son forzados a llevar a cabo sus obligaciones. El ser humano es el
único que goza de libre albedrío y por ello se considera que
cumple con el compromiso que adquirió.
Por ende, la generosidad humana es considerada una forma
de compartir y una de las cinco cualidades de los temerosos de
Dios. El compromiso con lo que te ha sido depositado y su cumplimiento son obligatorios. Encontramos en estas palabras y
en expresiones similares el aspecto sagrado de la generosidad. Las
explicaciones religiosas nos dicen: «Todas las criaturas son hijos de
Dios y lo más amados para Él son los que ayudan a Sus hijos».
Compartir con la comunidad es ayudar a la familia de Dios y
es una manera de acercarse más a Él. Resumiendo en pocas
palabras, lo que hemos dicho es que el Islam enfatiza la
importancia de las relaciones sociales, considerándolas sagradas y
de máxima importancia.
El tercer punto: el Islam se consagra a estas relaciones y
establece sus normas y medidas. Eso queda plasmado con
claridad en el conjunto de enseñanzas del Islam. Mencionaré
algunos ejemplos porque, como sabéis, es imposible entrar en
detalles ya que la religión abarca diferentes ámbitos. Tenemos:
– El ámbito cultural: que consiste en la concepción que el
Islam tiene de las cosas y la explicación que la religión
ofrece acerca de ellas.
– El ámbito de la fe: es decir, la fe en Dios, en el Juicio
final y en la profecía.
– El ámbito de las disposiciones: que incluye las
obligaciones y las prohibiciones, los correcto y lo
erróneo, lo permitido y lo desaconsejable.
– El ámbito de la moral y las cualidades.

Tenemos cuatro ámbitos y vemos que todos ellos se ocupan
claramente de las relaciones sociales.
En lo relativo a las concepciones, si observamos la
explicación que ofrece el Islam de las sociedades, encontramos
que dice:
«En verdad, los creyentes son hermanos.» (49:10)
es decir que considera a los miembros de una comunidad como
hermanos. El Islam busca transmitir el carácter de
consanguineidad y los vínculos emocionales y racionales que se
dan entre los miembros de la sociedad. A continuación lleva esta
interpretación al extremo y supera los límites de la fraternidad y
dice:
«Los creyentes son como un cuerpo, si un miembro se queja, el resto de
los miembros acuden a ayudar y a socorrer. Los miembros y los individuos de
una sociedad se asemejan a los órganos de un cuerpo».
Esta interpretación aparece en muchas aleyas coránicas, las
cuales se refieren a los individuos como “algunos”. Como sabéis
en la terminología lógica existe una diferencia entre el término
individuo y el término “algunos”; “algunos” forma parte de algo
mayor y el individuo está aislado.
Así pues, en las enseñanzas encontramos referencias a las
riquezas como “vuestras riquezas”:

«No consumáis vuestras riquezas entre vosotros
injustamente» (4:29)
es decir, todas las riquezas. “Vuestras riquezas” hace referencia a
las riquezas de todos.
Otro ejemplo es: «Cumplid los acuerdos que tenéis unos con otros.»
El Islam considera a la comunidad como un todo compuesto de
múltiples partes. Por lo tanto, la interpretación y la concepción
que el Islam ofrece de la sociedad son la de fraternidad y la del
funcionamiento de un único cuerpo. Esto en el ámbito cultural.
En cuanto al ámbito de la fe y la doctrina, el Islam llama al
esfuerzo en los fundamentos religiosos, es decir, el Islam dice que
un musulmán es aquel que conoce la unicidad de Dios por medio
de la lógica y las evidencias. La fe tradicional no es suficiente.
¿Por qué insiste en este asunto y quiere que tengamos un
conocimiento profundo de los principios religiosos? ¡Porque
quiere que vivamos nuestra fe!
¿Qué sentido tiene esto? La fe en un solo Dios significa que,
dado que Dios es uno y no tiene padre, ni hijos, ni compañero, ni
familiares, toda la creación y por lo tanto todos los seres
humanos, son iguales como los dientes de un peine.
Como los seres humanos son iguales, la cooperación entre
ellos es más sencilla porque no existe nadie que esté por encima
del otro ni que sea más valioso que el otro, lo que haría imposible la cooperación. Todo individuo necesita a los demás. Saber que
todos los seres humanos somos iguales nos facilita la tarea de la
cooperación, el dar y el recibir. Ningún ser humano es totalmente
rico ni totalmente pobre, sino que cada uno es rico en un aspecto
y pobre en otro, por lo que todos dan y reciben.
Sin embargo, si no creemos en esta interpretación y decimos
que algunas personas son más valiosas que las demás, entonces es
difícil cooperar. Por otro lado, como no existen seres humanos
perfectos, que no cometan equivocaciones, todos los individuos
son susceptibles de error y necesitan ser aconsejados. Este hecho
impone la cooperación intelectual entre los seres humanos. Como
resultado de saber que todos somos iguales, necesitamos
cooperación intelectual y atención social.
Por lo tanto, si decimos que Dios es Uno y es la Fuente de
todos nuestros movimientos y nuestras libertades, del principio
de unicidad y de la coordinación de movimientos emana la
facilidad de cooperación entre los seres humanos. Este concepto
ha sido expresado de diversas maneras. La cuestión es que Dios
es Uno y es el Creador de todo. Todos los seres humanos son de
una madre y un padre, por lo que son hermanos y comparten el
mismo destino:
«En verdad, pertenecemos a Dios y, en verdad, a Él
retornamos.» (2:156).
El origen, el camino y el destino, son uno, lo cual facilita la
tarea de la cooperación, la coordinación y la formación de
sociedades.

En cuanto a los seres humanos entre sí, establece que entre
los seres humanos no existen singularidades ni diferencias. Si bien
existen distintas capacidades, ninguna persona es superior a otra.
En relación a este tema me gustaría traer a colación un dicho
muy conocido: algunas personas dicen que el Corán reconoce la
superioridad de algunos seres humanos sobre otros basándose en
el siguiente versículo:
«¿Son acaso ellos quienes reparten la misericordia de tu
Señor? Somos Nosotros Quienes repartimos entre ellos sus
medios de vida en este mundo y Quienes hemos elevado el grado
de unos sobre otros para que unos tomen a otros a su servicio.»
(43:32).
Según estas personas, este versículo contradice la afirmación
de que todas las personas son iguales como los dientes de un
peine. No obstante, si observamos el significado del versículo y
las comparaciones que realiza, encontramos que esta aleya no
pretende establecer una diferencia entre distintos seres humanos
ni elevar el estatus de unos sobre otros, sino que habla de la
disparidad de capacidades. Cada persona, en su especialidad, es
superior a los demás.
Un médico está por encima de su paciente en lo referente a
la medicina. El clérigo, en su especialidad, está por encima de los
que le consultan y lo mismo ocurre con el ingeniero. El médico,
en su campo de especialidad, es el que guía a los demás y estos
siguen sus indicaciones. El mismo médico que me ha guiado a mí en su campo de especialidad es guiado por mí en mi campo y
ambos seguimos las indicaciones del ingeniero en su campo.
Los tres seremos asesorados por un abogado en su campo de
especialización y los cuatro somos guiados por el comerciante o
el granjero en sus respectivos campos de especialización. Por lo
tanto, «hemos elevado el grado de unos sobre otros» en sus
especialidades «para que unos tomen a otros a su servicio». Este
es el significado de la disparidad de especialidades.
Por tanto, todos los seres humanos son iguales como los
dientes de un peine. La diferencia entre ellos reside en sus
capacidades. Esto garantiza una cooperación fluida entre los
miembros de la misma sociedad y, por consiguiente, la fe en la
justicia y en la perfección de Dios.
En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Dios
es el poseedor de todos los atributos de perfección. Dios, el
Misericordioso, el Clemente, el Amable, el Justo, el Sabio, creó el
universo y naturalmente, reflejó Sus atributos en Su creación.
Entre la causa y el efecto existe armonía y proporcionalidad. El
efecto es siempre generado por la causa y esto establece un
segundo principio. Este principio establece que el ser humano es
bueno por naturaleza. No existe persona, por malvada que sea,
que no pueda ser rehabilitada o con la que no se pueda cooperar
y aunque existiese sería una excepción en la creación. Esto facilita
al ser humano la labor de cooperación y le permite extender su
mano a los demás para colaborar con ellos:

La naturaleza esencial en la que Dios ha creado a los seres
humanos. (30:30).
La fe en el Dios único aporta facilidad. La fe en la justicia del
Creador aporta facilidad. La fe en la otra vida y en el Juicio Final
hace que el ser humano asuma su delicada responsabilidad,
cumpla con las obligaciones religiosas que tiene para con su
comunidad y no sea injusto en su cometido. Podemos decir, por
tanto, que el ámbito cultural ofrece un concepto hermoso de la
sociedad y que el ámbito de la fe brinda el método correcto para
formarla.
En cuanto al ámbito de las disposiciones, encontramos que
hay numerosos estudios que se ocupan de lo relativo a las
sociedades. Veremos como algunos se centran en el modo de
formar una sociedad y muestran como el Islam glorifica las
relaciones. En el ámbito familiar santifica el vínculo entre marido
y mujer y lo propone como uno de los deberes sagrados por
encima de otros deberes. Considera que el acto del matrimonio es
superior al de construir una mezquita y que la destrucción del
matrimonio y la incapacidad de cumplir con las obligaciones
maritales son peor desobediencia que no edificar una mezquita.
Así pues, el vínculo entre el marido y la mujer es un vínculo
fuerte y sagrado.
El Islam también se ocupa de las relaciones entre padres e
hijos y las considera obligaciones vinculadas a la obediencia a
Dios. Podemos encontrar docenas de aleyas coránicas que
mencionan que tras la obediencia a Dios viene la benevolencia
con los padres. Primero el marido y la mujer, luego los padres y los hijos y, por último, los familiares. Por lo tanto, las relaciones
de parentesco son obligatorias y la ruptura de la familia queda
prohibida. Esto fortalece los vínculos familiares.
En cuanto al tema de los vecinos, el Islam recomienda e
insiste en la relación con ellos. El Imam Ali (a.s.) dijo al respecto:
«El Profeta (s.) insistía tanto en la relación con los vecinos que llegamos
a pensar que serían considerados herederos».
Su recomendación acerca de la relación con los vecinos era
equiparable a la que hacía sobre los familiares. Al describir al
vecino decía que entre tu casa y la de tu vecino puede haber
cuarenta casas, lo cual significa que todos los habitantes de un
pueblo son vecinos. De este modo intenta reforzar y salvaguardar
estos vínculos.
En sus enseñanzas, también señala que la comunidad tiene
una responsabilidad conjunta, de modo que si algún miembro de
la comunidad muere de hambre, pobreza o enfermedad, Dios
aparta su vista de todos los miembros de esa comunidad.
Considera que todo individuo tiene un deber para con su prójimo
que no puede ser ignorado:
«Quien se va a dormir con el estómago lleno, estando su vecino
hambriento, no es un verdadero creyente».
Esta es la fuerte importancia que el Islam da a las relaciones
entre los individuos de una sociedad y las intensifica prohibiendo
que se oculten de los demás, que abusen los unos de los otros, prohibiendo la injusticia, la difamación, las calumnias y todo lo
que pueda debilitar los vínculos sociales y separar a las personas.
En lo relativo al culto, el Islam muestra un gran interés por
este asunto y confiere un aspecto social a cada acto de adoración.
Como quizás ya sepáis, al principio, cuando descendió la oración,
se realizaba en grupo y más tarde fue cuando se permitió a los
musulmanes que rezasen de forma individual. La naturaleza de la
oración es colectiva, por eso todos los musulmanes miran hacia
una misma quibla, coordinando su oración y otorgándole un
carácter social. La hora de la oración es una, la quibla es una, el
mejor lugar es la mezquita y la mejor forma de rezar es en grupo.
Asimismo, el ayuno durante el mes de Ramadán también es una
forma de adoración colectiva.
Como sabéis, ocurre lo mismo con la peregrinación. Miles de
personas, con una única vestimenta, en un solo movimiento, al
mismo tiempo, con las mismas características y circunstancias,
cumpliendo las obligaciones de la peregrinación . Es un acto de
adoración hermoso y lleno de aspectos sociales.
Por otra parte, la limosna purificadora de la riqueza (zaqat)
también es una obligación social para todos los individuos. La
limosna, queridos hermanos, no es lo mismo que los impuestos
gubernamentales que el Estado islámico estableció en su
momento. La limosna y la caridad fueron definidas por los
versículos sagrados como actos obligatorios dispuestos para
resolver el problema de la diferencia de clases, no para
aprovisionar las arcas del Estado. Su finalidad no es pagar los sueldos de los empleados y demás funcionarios, sino reducir la
disparidad económica entre clases sociales con un método actual.
Tanto la promoción de la virtud como la prevención del
vicio son los pilares de la cooperación y la garantía social entre los
miembros de una comunidad:
«Todos sois pastores y cada uno es responsable de su rebaño».
Si quisiésemos examinar los actos de adoración de forma
amplia, nos sería imposible y el tiempo del que disponemos para
explicarlos es limitado.
Ya hemos visto el ámbito cultural, el de la fe, el de las
disposiciones y ahora veremos el cuarto ámbito, el ámbito de la
moral.
En este ámbito encontramos una amplia gama de
disposiciones y enseñanzas recurrentes, cuyo fin es inculcar en el
ser humano una visión más amplia y el sentimiento de que él es
algo más que su persona. El Islam, con su educación moral, busca
indicar al ser humano que no está solo sino que forma parte de
un colectivo, como queda reflejado en sus enseñanzas. Así pues,
por medio de la moral, facilita que los individuos cooperen entre
sí. No podemos repasar todos los tipos de moral que existen en
una sola conferencia, pero analizaremos brevemente algunos de
ellos.
Entre las conductas más elevadas se encuentran: el amor a
las personas, la generosidad, la humildad, la buena intención, la flexibilidad, la honestidad, ayudar a los más débiles, enseñar a los
inexpertos, respetar a los mayores, ser compasivo con los más
pequeños, difundir la paz, mostrar alegría, ocultar la tristeza,
visitar a los enfermos, los buenos modales, valorar a los honrados,
reprender a los corruptos, el pudor, el perdón, aceptar las
disculpas, aceptar los favores, servir a los amigos, escuchar al
sordo sin aburrirse, ampliar las reuniones y otros cientos de
ejemplos de este tipo. Todos y cada uno de ellos refuerza el
sentimiento humano, haciéndolo más intenso y más elevado,
facilita la cooperación y la armonía y fortalece las relaciones
sociales.
Si quisiésemos profundizar en los detalles de las
disposiciones dedicadas a tratar los asuntos sociales tendríamos
que mencionar la mitad de la jurisprudencia islámica, que está
compuesta de secciones relativas a las transacciones y secciones
relativas a la política. Estas secciones constituyen la mitad, o más
de la mitad, de la jurisprudencia. Todas ellas identifican y
organizan diferentes asuntos como las condiciones personales y
las normas cívicas. Para tratar este tema necesitaríamos
numerosas conferencias.
Llegados hasta aquí, debemos destacar varios puntos:
El Islam enraíza el sentimiento cívico en el ser humano, lo
santifica y pone sus cimientos pero, previo a todo eso, el Islam
trata de dar al individuo una idea de lo que es la sociedad. El
Islam quiere mostrarle que la sociedad es lo que él construye con
sus manos, es su creación y no algo impuesto desde fuera. Esto es
algo básico. Si el ser humano siente que él es el que crea la sociedad, será capaz de desarrollarla y de relacionarse con los
demás según un plan establecido.
El Sagrado Corán dice en sus versículos:
«En verdad, Dios no cambia la situación de un pueblo mientras
ellos no cambien lo que hay en sus almas» (El trueno, 11)
y «La corrupción se ha manifestado en la tierra y el mar por lo
que los seres humanos han hecho» (Los bizantinos, 41).
Hay tantos versículos dedicados a este asunto porque lo
que vemos en las sociedades es producto de un sistema de
normas y esas normas son elaboradas por ti. Dependen de tus
indicaciones y tu creación. Tú eres el que crea las sociedades.
Así pues, después de que se le ha dado al ser humano la
profundidad, la santidad y los cimientos de este sentimiento, se le
dan los medios para que ejecute estos tres puntos en un ambiente
de crecimiento, donde la sociedad se ajusta a sus preferencias. De
este modo, no sentiré que la sociedad sea un decreto de Dios que
me ha sido impuesto a mí y a mis semejantes y que tengamos que
obedecer. ¡En absoluto! Esto no existe en el Islam porque las
sociedades son creadas por los seres humanos.

El Islam y el desarrollo

El segundo apartado, con el que concluiremos nuestra
exposición de esta noche y daremos paso al Dr. Sabah 5 para que
traduzca un resumen de la conferencia.
Este último punto es la respuesta a una pregunta que la gente
nos plantea continuamente. Usted dice que el Islam quiere
proteger al individuo y por eso se ocupa de la sociedad y
establece las líneas generales para formar comunidades, pero
¿Cómo resuelve el Islam la cuestión del desarrollo?
Las sociedades, como ya sabemos, evolucionan en función
de la evolución de los seres humanos y el aumento de su nivel
cultural. ¿Cómo puede la religión, cuyas enseñanzas son fijas,
estar en armonía con el progreso de las sociedades? Aunque ya
he respondido a esta pregunta en otras conferencias, hoy la
volveré a mencionar.
Antes que nada debemos preguntarnos ¿Qué es desarrollo?
¿La evolución consiste en crear cosas nuevas? ¿O es más bien la
ejecución de algo ya existente? Pues, las dos cosas. Nada existe y
nada es dado. El desarrollo es la interacción del ser humano con
el mundo. El ser humano experimenta, lee, piensa, alcanza y
descubre cosas nuevas. Cuando las descubre, hace uso de ellas
para desarrollar su vida y su sociedad. Si descubre la electricidad,
desarrolla su sociedad aprovechando este conocimiento. El desarrollo es una nueva interacción o una interacción continua
entre el ser humano y el mundo. No hay nada nuevo en el mundo,
lo que hay es una nueva interacción, una nueva lectura del
universo, una nueva profundización en el libro de la existencia.
Esto es lo que conocemos como desarrollo.
Mientras esto sea así y dado que el Corán, según el Islam, es
la palabra de Dios y las palabras no limitan el conocimiento de
quien las dice, entonces, según el Islam, el que habla es Dios y su
conocimiento no tiene límite. El conocimiento de Dios no está
limitado por una época o un siglo determinado, sino que lo
abarca todo. Lo más profundo de las cosas y sus apariencias, lo
revelado y lo oculto, incluida la información que poseían los seres
humanos del pasado y del futuro. Dios todo Poderoso, lo sabe
todo.
Cuando sabemos que el conocimiento de Dios es ilimitado,
entonces, en cada época, podremos entender algo nuevo de Sus
palabras, tal y como pudimos llegar a entender el universo. ¿Acaso
el universo de hoy es diferente al universo de hace mil o cinco mil
años? El universo es el mismo, pero hemos estudiado algo nuevo
sobre él y hemos profundizado de una manera nueva. Del mismo
modo, estás en tu derecho de profundizar en las palabras de Dios,
el Sagrado Corán, hasta donde tus capacidades te permitan. Lo
que ayer entendías del Corán es una cosa y hoy puede que
entiendas otra. Puedes profundizar en la palabra de Dios cada vez
que profundizas en el conocimiento del universo.
Disponemos de tres factores: el ser humano, el universo,
cuya interacción es la que desarrolla las sociedades, y el tercer elemento es la palabra de Dios. Puedes interactuar con ella tal y
como lo haces con el universo y entonces tu universo, el
desarrollo de tu comunidad y la palabra de Dios estarán en
completa armonía.
No voy a mencionar ejemplos de las nuevas posibles formas
de entender la palabra de Dios porque alargaría demasiado la
conferencia.
El Islam ofrece las indicaciones y directrices generales
necesarias para formar sociedades y eres tú el que, dentro de este
marco, desarrolla y comprende cosas nuevas a la luz de tu
conocimiento y en proporción a tu experiencia, lo que te
permitirá descubrir nuevos detalles y variables de la composición
de la sociedad que quieres crear. De este modo, puedes vivir en
esta sociedad desarrollada cuando quieras, como quieras y el
tiempo que quieras.
Esto ha sido un resumen de las ideas generales que describen
el aspecto social del Islam. No hay duda de que el tema tiene
muchos detalles que espero tener la oportunidad de discutir en
nuestro siguiente encuentro o en los próximos años, en este lugar,
creado para la interacción intelectual, y que podamos escuchar las
argumentaciones de los jóvenes.
Gracias una vez más a nuestros jóvenes, miembros de la
Asociación de Estudiantes Musulmanes de Dakar. Que la paz, la
misericordia y las bendiciones de Dios sean con vosotros.

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