Notas sobre Ayatollah Behyat

Extraídas de Bargi az daftar-e Aftaab, Una página del cuaderno resplandeciente (sobre la vida de Ayatolá Behyat).

El Gran Ayatolá Muhammad Taqi Behyat Fumaní nació en una familia religiosa y piadosa en el año 1334 H (1915 ) en Fuman en el norte de Irán. Perdió a su madre antes de 2 años. Sobre su padre, Mahmud Behyat, los miembros de la familia refieren a un evento interesante.
Cuando su padre tenía alrededor de 16-17 años de edad cayó gravemente enfermo y pensaban que no sobreviviría. Cuando los familiares se reunieron alrededor de este joven, uno de los familiares ha escuchado una voz que decía: “No deben preocuparse, todo se resolverá bien, porque él va a ser el padre de Muhammad Taqi.”
Después de eso, el joven se había recuperado pronto de su enfermedad, se casó unos años más tarde y tuvo varios hijos. Llamó a su tercer hijo Muhammad Taqi en memoria del acontecimiento de su infancia. Sin embargo, en la infancia, este niño cayó en un estanque y se ahogó. Tuvo otro hijo más después de él, y también le puso de nombre Muhammad Taqi. Este último hijo creció y llegó a ser el gran erudito y gnóstico Ayatolá Behyat.
Su padre era un recitador de letanías y a menudo llevaba al joven Behyat con él a sus recitales, cosa que produjo en él un profundo y perdurable amor por Imam Huseyn, Señor de los Mártires, la paz sea con él.
Desde joven dio muestras de poseer una gran inteligencia y una gran sed de conocimientos. Tras terminar sus estudios primarios, se orientó hacia los estudios religiosos y, a la edad de 14 años, se trasladó a Kerbala en Iraq.
Cuatro años más tarde se trasladó al famoso seminario de Nayaf, donde tuvo la oportunidad de estudiar en algunos de los mejores profesores y especialistas en el mundo musulmán.
Estudió Usul con gran Ayatolá Abul Hasan Isfahani, con Mirza Na’ini y con Sheij Mohammad Hasan Gharawi Isfahani, conocido como Cumpani; Fiqh con Ayatolá Mirza Mohammad Taqi Shirazi y los textos filosóficos de Ibn Sina y Mulla Sadra con Ayatolá Seyed Hasan Badkubeyi.
Al mismo tiempo que asistía a los niveles intermedios y superiores de estudios religiosos, fue muy meticuloso en su búsqueda de instrucción espiritual y mística. En este sentido, sus maestros fueron Ayatolá Mohammad Hasan Isfahani y Ayatolá Sayyid Abdu’l Ghaffar y por último, el erudito e instructor inigualable, un gigante entre maestros espirituales, Ayatolá Sayyid Ali Qadi Tabatabaí, con el que permaneció muchos años, aprendiendo de él los secretos de las sendas más elevadas de la ética y la gnosis.
Quince años más tarde regresó a Irán y se estableció en la santa ciudad de Qom. Aquí, en compañía de Ayatolá Jomeini, Ayatolá Golpaigani y otras grandes figuras, continuó sus estudios con el Gran Ayatolá Buruyerdi.
Desde su juventud, Muhammad Taqí Behyat se ocupó constantemente de la purificación de su alma y de su auto construcción. En sus instrucciones éticas insiste siempre que uno debe trabajar duro en esta tarea y renunciar y abandonar muchos lujos a fin de avanzar en el combate contra las demandas interminables del alma.
Él mantiene la opinión de que para obtener el éxito en este Gran Combate (Yihad al-akbar), la pureza ética (ajlaq) y el conocimiento (ilm) deben ir de la mano. De hecho considera que la adquisición de conocimientos sin la auto purificación es más perjudicial que cualquier otra cosa.
Es su famoso asesoramiento a los jóvenes aconseja leer y practicar diariamente un hadith de los que viene recogidos en el capítulo dedicado al Yihad al-nafs en la obra de Sheij al-Amali titulada Wasail al-Shi’a.
En sus hechos y palabras, este gran erudito siempre orientó sus asuntos únicamente hacia Dios.
Un gran muchtahid ha dicho acerca de Agha Behyat: “Sólo se puede decir de él que es un hombre de piedad. Él es la verdadera esencia y la manifestación del temor de Dios (taqwa). ”
Ayatolá Sheij Javad Kerbalayi dice sobre él: “Uno de sus más cercanos compañeros de estudios en Nayaf, relató que Agha Behyat pasaba las noches en soledad, profundamente dedicado a la meditación y la contemplación. Él nunca desperdició ni un momento de su tiempo y no participaba en reuniones vanas. Cuando llegaba la hora de su clase, o de su Ziyarat a Amir ul Muminín (a.s.), se levantaba rápidamente, se ponía su capa y salía de la casa sin interferir en las actividades de los demás. Era muy reservado y no le gustaba revelar nada acerca de sí mismo, especialmente acerca de los favores especiales y de los extraordinarios poderes espirituales que Dios le concedió. ”
Los siervos cercanos de Dios contemplan siempre la realidad de este mundo, lo contrario que el resto de los seres humanos, cuyos ojos se fijan en sus placeres y lujos, por lo cual dan preferencia a sus comodidades materiales, antes que a la obtención de fuerza espiritual. Por ello, mientras el resto de la gente se tropieza con los obstáculos de este mundo oscuro, estos santos (awliya ) transitan las alturas iluminadas en la proximidad a Dios.
Agha Behyat fue uno de los ejemplos más brillante de estos awliya en nuestros tiempos. Fue un místico y erudito, siempre vivió una vida sencilla, sin muchos placeres materiales. Él comprendió mejor que otros la realidad de este mundo y el poco valor de sus placeres.
Vivía en una casa simple, pequeña y antigua y se resistía a las ofertas de muchos de sus parientes y admiradores para trasladarse a un alojamiento a más cómodo.
Ayatolá Misbah dijo: “Durante muchos años, vivió en una casa de alquiler con dos habitaciones. Una de las habitaciones tenía una cortina, que él corría cuando alguien iba a visitarle, de esa manera, al otro lado de la cortina su familia podría seguir con sus tareas domésticas. Quienes le visitaban se sentaban a este lado de la cortina y se beneficiaban mucho de su sabiduría. Aunque era sencilla, la atmósfera siempre estaba llena de una luz y espiritualidad especiales.”
Ayatolá Masudí dice: “Muchas veces hubo personas que le ofrecían sinceramente comprar una casa mejor para él, pero él no estaba de acuerdo. Yo le dije: “¡Agha! Esta casa está dañada, dudo que incluso la shari’a permita que un hombre viva en este tipo de alojamiento! ” pero él no prestaba la más mínima atención a ese asunto.”
Los estudiantes de Agha Behyat informan que él tenía una especial proximidad a Dios, que era inmediatamente evidente en su forma de adorar. Quienes han orado detrás de él lo han descrito como “Una experiencia espiritual edificante y única.”
De hecho, la Mezquita Fatimiyah , al final del mercadillo de Guzar Jan, donde él ha dirigido las oraciones tres veces al día durante los últimos 40 años, siempre estaba llena a rebosar a las horas de las oraciones obligatorias. Muchos grandes sabios y maestros se tomaban la molestia de venir a orar detrás de él. Allamah Tabatabaí era uno de los que iba allí a orar.
Tan pronto como Agha Behyat comenzaba su oración, un torrente de lágrimas acudía a sus ojos, de manera que, con frecuencia, tenía que hacer una pausa porque su voz se saturaba de emoción. Tal era su temor en presencia de Dios.
Uno de los eruditos observa: “En los primeros tiempo, Behyat Agha iba ocasionalmente a visitar a alguna persona de las que vivían en las granjas situadas a las afueras de Qum, y rezaba sus oraciones por la tarde con algunos compañeros en esa ubicación remota. Un día, después de las oraciones del anochecer, comentó: “ Si los reyes de este mundo supiesen del placer que un siervo experimenta en su oración, no encontrarían placer en las cosas de este mundo. ”
Ayatolá Sheij Javad Kerbalayi dice: “Agha Behyat nunca abandona sus oraciones de media noche (namoz-e shab) y pasa mucho tiempo llorando en medio de la noche, especialmente en la noche anterior el viernes.”
Uno de los sabios dice: “Un jueves por la noche fui a visitarle a la Madrasa Sayid en Nayaf. Y le encontré prosternado y llorando, mientras repetía con su voz rota : “ Ilahi! ¿Man li ghayruk, asaluhu kashfa dhurri, wan-nazara fi amri? (¡Oh, Mi señor! ¿A quién, aparte de a Ti, puedo pedir socorro en mis dificultades y apoyo para mis asuntos?) ”.
A pesar de sus avanzados años, la rutina diaria de Agha Behyat no había cambiado. Cada madrugada, exactamente a las 7 de la mañana, se presentaba en el santuario de Fatima Masuma (a.s) para mostrarle sus respetos. Con la mayor humildad se acercaba a su tumba y recitaba la Visita de Ashura al Imam Husain (a.s.).
Sayyid Muhammad Husein Tehraní, en su libro Anwar al-Malakut, cita a Ayatolá Sheij Abbas Quchani, el gran erudito y sucesor espiritual del famoso Mirza Ali Qadi Tabatabaí, diciendo: “ Mientras estaba en Nayaf, veía como Behyat Agha iba a menudo a la Mezquita Sahlah y pasaba las noches dedicado a la adoración y la contemplación. Una noche muy oscura, las luces en la mezquita no se encendieron. Él necesitaba salir para renovar sus abluciones. Salió de la mezquita y se dirigió hacia la zona de los servicios hacia el este de la mezquita. De pronto, debió experimentar algún tipo de ansiedad o temor, quizás debido a la oscuridad total. Inmediatamente, una luz apareció junto él y le iluminó claramente su camino. Esta luz le acompañó mientras él salió, hizo sus abluciones y regresó a la mezquita. A continuación desapareció. ”
Uno de sus rasgos notables era su humildad y sencillez, a pesar de su fama y su condición como uno de los grandes sabios contemporáneos y Doctor de la Ley.
Durante muchos años se negó a que sus juicios religiosos (Tawdhih al-masail) fuesen llevados a imprenta y sólo después de muchos años insistiéndole terminó aceptándolo.
Uno de los sabios nos dice: “Una vez fui invitado por Sheij Nasrullah Lahuthi para visitar a Behyat Agha. Agha Lahuthi le dijo a su maestro: “Agha! Estaba en Mashhad y alguien comenzó a criticarle a usted y eso me molestó mucho.” Agha Behyat respondió: “Tál y como nos informan los hadíces, si un erudito presta demasiada atención a las cuestiones mundanas será criticado por la gente.”
Recuerdo que en ese momento pensé, “Si la manera en que Behyat Agha vive se llama “prestar demasiada atención a las cuestiones mundanas”, entonces qué se podría decir de nosotros!”
Ayatolá Behyat poseía muchas décadas de experiencia en el viaje místico, el viaje del alma a través de estaciones establecidas para lograr la proximidad a Dios. Él era uno de los alumnos del gran maestro, Ayatolá Sayyid Ali Qadi Tabatabaí y había recibido instrucciones especiales de su maestro. Siendo todavía un joven atravesó muchas de las estaciones del acceso espiritual.
Su rango elevado en estos asuntos es bien conocido por otros que viajan en esta senda de acceso. Inmediatamente después de la revolución, uno de los primeros eruditos que Ayatolá Jomeini visitó fue Ayatolá Behyat en Qom. Asimismo, cuando Ayatolá Jameneí asumió el cargo de líder de la Revolución Islámica, lo primero que hizo fue ir a visitar a Agha Behyat en Qom para obtener de él instrucciones espirituales.
A diferencia de la mayoría de los hombres, que no poseen ninguna idea de la existencia o de los acontecimientos del mundo oculto, Ayatolá Behyat había alcanzado una estación espiritual que, por la gracia de Dios, le permitía con frecuencia ser testigo de acontecimientos pertenecientes al mundo oculto a los sentidos.
Uno de sus dikr permanentes era el nombre de Dios Al-Sattar al Uyúb, El que Oculta los Defectos, y lo repetía constantemente, tanto cuando caminaba como cuando estaba sentado, debido a que, según nos cuenta Ayatolá Misbah Yazdi: Él entra en el plano donde es testigos de muchas cosas ocultas a los sentidos corporales y, a menudo ve la naturaleza real y el alma de quienes se sientan alrededor de él, y por esa razón él invoca a Dios, que es Quien Cubre los Defectos – Al-Sattaar al Uyúb, para que los secretos de la gente alrededor no le sean revelados. ”
Esto suele ser lo que les ocurre a los siervos cercanos de Dios. Su humildad es tal que no quisieran ver nada, ni hacer nada que pueda llevarles a sentir un mínimo de orgullo de sí mismos. Y, a cambio de su humildad absoluta, Dios les concede aún mayor conocimiento y estado.
La personas que conocían a Agha Behyat de cerca, no dudaban de que él era uno de aquellos a quienes muchos secretos les son revelados.
Ayatolá Misbah dice en este sentido, “Quienes vivieron alrededor de él durante muchos años vieron las cosas que él hacía y decía y que eran realmente extraordinarias. A veces decía algo que parecía normal, pero cuando se meditaba en ello posteriormente, uno se daba cuenta que aquello era el fruto de conocimientos fuera de lo común que él poseía.”
“Por ejemplo, cuando Imán Jomeini fue en el exilio en Turquía, muchos de sus estudiantes hicieron declaraciones en su defensa y tuvieron problemas con el Gobierno. Fueron encarcelados y torturados con frecuencia. Recuerdo claramente cuando fue detenido Agha Yannati y nadie sabía dónde se encontraba. Se lo mencioné a Agha Behyat, y él dijo: “Si Dios quiere, pronto tendremos noticias de su liberación.”
Por supuesto, algunos podrían decir que esto era sólo una súplica, pero de hecho, él no solía decir eso sobre las personas que eran detenidas. Muchas veces nos decía: “Rezad por él de esta y esta manera.” o permanecía en silencio. Pero, tal y como él había dicho, Agha Yannati fue pronto liberado sin sufrir torturas ni malos tratos.”
Uno de sus estudiantes relató lo siguiente: “Mi esposa esperaba a un niño. Era el mes de Ramadán y yo quería hacer un viaje, por lo que fui a despedirme de Agha Behyat. Él me miró y me dijo: “Este mes tendrás un hijo y deberás ponerle de nombre Mohammad Hasan.” Y eso es exactamente lo que sucedió. ”
Existen muchos de tales episodios que la gente ha relatado acerca de sus encuentros con Agha Behyat.
Agha Behyat detestaba que se hablase sobre estos episodios, pero sus estudiantes ocasionalmente se los contaban a otros creyentes para que fueran consciente de que existen en nuestra época ciertos individuos a quienes Dios ha concedido favores especiales.
Sin duda, para la persona que se esfuerza sinceramente por lograr proximidad a Dios, Dios mismo se convierte en su guía, pues, como menciona el Sagrado Corán:
Y a quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente, les guiaremos a Nuestros caminos . En verdad, Dios está con quienes hacen el bien. 29:69
Un estudiante en la Hawza de Qom preguntó a Agha Behyat una vez: “A veces, una persona decide realizar un acto virtuoso sinceramente para Dios, pero Shaytan convierte su intención y la persona comienza a pensar cómo impresionar a los demás con sus actos, cómo convertirse en alguien popular por tal acto… y cosas de este tipo. ¿Son estos pensamientos contados como ostentación (riya) y anulan su acto virtuoso y lo hacen inútil? ”
Agha Behyat respondió: “El pecado de ostentación (riyá) sólo es relevante en los actos de culto (ibadat). Y cualquier acto de culto que vaya asociado con ostentación es un pecado y hace el acto nulo. Sin embargo, la ostentación misma se puede convertirse en una cura de ella misma, cambiando simplemente el enfoque respecto a quién está uno intentando impresionar. Si un hombre puede acercarse a un Presidente para solucionar directamente su problema, sería perder el tiempo intentar convencer a los funcionarios del Presidente de la importancia de su problema. De la misma manera, si un hombre es inteligente, intentará impresionar a Dios y perfeccionará su comportamiento para Dios, que es el creador del hombre. Esa actitud será la cura para su pecado de ostentación y de su deseo de ser admirado por las gentes. ”
En otro momento, dijo: “Sobre riyá, existe un hadith que dice, “Quien intenta impresionar a la gente por su manera de rezar se verá resucitado en forma de un burro.” Y esto es muy cierto porque ¿Qué puede ser más burro que un hombre tratando de impresionar a los esclavos de Dios en lugar de dirigir su atención a Dios mismo? Si alguien nos llama burro, nos sentimos insultados, pero ¿Por qué deberíamos sentirnos insultados cuando nuestros actos de día y de noche se parecen a los de un burro?”
Uno de sus estudiantes dice que dijo a Agha Behyat: “Nuestras vidas están llegando a su final y todavía no hemos experimentado el placer y la dulzura de nuestros actos de adoración, especialmente de la oración ¿Cuál es su consejo para que podamos degustar algunos de los placeres que nuestros dirigentes infalibles, los Imames de la Casa Profética, han descrito?”
El maestro estimado respondió, “Eso es algo que a todos nos gustaría experimentar.”
El estudiante respondió: “Por favor, Agha, usted posee un alto estado en estas cuestiones y nosotros estamos con las manos vacías ¿Qué deberíamos hacer?”
Agha Behyat nuevamente dio una respuesta modesta, diciendo, “Quizás su propio estado es envidiable”.
Sin embargo, el estudiante fue insistente y Agha Behyat respondió: “Este placer que busca en los actos de adoración tiene dos requisitos previos; uno exterior a la oración y otro que pertenece propiamente a la oración. Lo que es necesario antes de la oración y fuera de ella es que la persona se abstenga totalmente del pecado y no ensucie su corazón con la vergüenza de la desobediencia, porque el pecado roba la luz de su corazón. El segundo requisito es que la persona, cuando reza, debe crear una barrera alrededor de él para que no puedan entrar pensamientos que le aparten de su diálogo con Dios. No debe permitir que sus pensamientos le alejen de Dios, incluso un instante. De esta manera se logrará lo que buscamos.”
A otro sabio que le hizo una pregunta similar, le respondió: “Para lograr un control absoluto de los pensamientos durante la oración y para adquirir la presencia de corazón, deben sentarse las bases fuera y antes de la oración. Uno debe controlar los cinco sentidos durante el día y tener cuidado con lo que se permite observar, escuchar, comer, hacer,… Esto es lo que le permitirá alcanzar la presencia de mente y corazón durante la oración.”
A un joven estudiante, en respuesta a la misma pregunta, le dijo: “No deje nunca que sus pensamientos divaguen y le lleven lejos de la Presencia ante la que se encuentra cuando está rezando.”
Un alumno le preguntó: “Agha ¿Qué hemos de tener en cuenta para que nuestra intención sea sincera cuando vestimos el turbante y las ropas religiosas?”
Él le respondió: “El criterio que guíe sus actos debe ser la religión de Dios Altísimo. Siempre debe usted preguntarse si sus palabras y hechos están en conformidad con las leyes y mandatos divinos o no. Debe poner la intención de que el conocimiento (ilm) que posee y el que obtendrá en el futuro, se traducirá siempre en acciones. En otras palabras, debe haber una armonía perfecta entre lo que sabe y lo hace. La mayor desgracia que existe es la de eruditos que actúan sin conocimiento adecuado o que poseen los conocimientos, pero no actúan conforme a ellos. Así que tome usted una firme determinación de que su conocimiento y acciones estarán en armonía. ”
Otro estudiante informa que Agha Behyat le dijo sobre el mismo asunto: “Un sabio que no actúa en conformidad con su conocimiento es como la vela que ilumina la ruta de acceso para otros pero que quema la mano del que la sostiene.”
Ayatolá Misbah narra que Agha Behyat le dijo una vez: “Un día estaba yo sentado en mi habitación y pude escuchar las voces de la calle. Salí y vi que el hijo de mi vecino estaba jugando en la calle cuando un mendigo se le acercó diciendo: “Soy una persona necesitada. Puede ir a su casa y conseguir algo para mí?”
El niño respondió: “¿Por qué no pide usted a su madre si quiere algo?”
El mendigo dijo: “No tengo madre. Ve tú a pedirle a tu madre que me de algo.”
Agha Behyat comentó: “Me llamó la atención esta conversación y la inocencia del niño que tenía tanta confianza y fe en su madre que creía que ella podría solucionar cualquier problema. Si nosotros pudiésemos desarrollar la misma confianza absoluta en Dios que este niño tenía en su madre, todos nuestros problemas podrían resolverse recurriendo a Él en todas nuestras necesidades! ”
Agha Quddus recuerda que una vez dijo a Agha Behyat: “Mi presencia en la aldea donde he ido para difundir el Islam fue muy productiva. El pueblo ha respondido positivamente, me trataron con respeto y escucharon mis consejos religiosos. Sin embargo, son muy pobres y el dinero que me dan en los meses de Muharram y Ramadhan es muy poco. En otros lugares donde puedo ir, el público no es tan receptivo, pero pagan más. ¿Qué debo hacer?”
Agha Behyat respondió, “Si pones la intención de trabajar para el Imam Mahdi (a.s.), ¿No crees que él se preocupará de mantenerte?”
Huyat ul Islam Lufti dice: “Un día, después de las oraciones de la mañana me acerque a Ayatolá Behyat y le pedí que me diese algunos consejos .
Dijo, “ kunu du’atan lil nasi bighayri alsinatikum .” “ Llamad a las personas a Dios pero no con vuestra lenguas. ”
Entendí que, aunque como estudioso, mi responsabilidad era a participar en la difusión del Islam, Agha quería llamar mi atención respecto al hecho de que la mejor manera de difundir el Islam no es desde el púlpito sino desde el ejemplo personal y la buena conducta.”
Ayatolá Sheij Yawad Kerbalai, el gran erudito en asuntos éticos dijo: “Obtuve un gran beneficio de los muchos años que estudié con Ayatolá Behyat. En ese tiempo también presencié de primera mano muchos de los regalos maravillosos que le habían sido concedidos. Entre sus palabras de sabiduría recuerdo que siempre insistía en que no podría hacerse ningún progreso sin abandonar el pecado. Solía decir: “Las grandes y especiales bendiciones de Dios están disponibles libremente para todos los que trabajan para Él, el único requisito es que una persona tiene que calificarse para obtener estos dones. La única forma para obtener estos favores especiales es abandonando la desobediencia a Dios. Por supuesto, debe establecer algunos compromisos para alcanzar la proximidad a Dios. Cuanto más conocimiento de Dios (ma’rifat) adquiere una persona y más Le ama, más importante es evitar cada pecado, incluso menor, y más debe cuidarse uno de la pérdida de concentración en Su presencia cuando está rezando. Es por eso que algunos siervos Suyos alcanzan esa etapa de proximidad de la que se dijo, “ Hasanatu al abrar, saiiatu al muqarribin” que significa: Las buenas acciones de los bondadosos son malas acciones para los cercanos a Dios.
Una vez, un estudiante que recientemente había comenzado sus estudios religiosos, dijo a Ayatolá Behyat: “ He llegado a la hawza para alcanzar el conocimiento. ¿Qué debo hacer para convertirme en un erudito adecuado? ”
Ayatolá Behyat bajo su cabeza y permaneció silencioso durante un tiempo y luego dijo: “ No existe diferencia entre un estudiante de la hawza y otro que no lo sea. Lo importante es que él no cometa pecados.”
En otra ocasión le preguntaron: “¿Cuál es el mejor dhikr (invocación, recuerdo de Dios)”?
Respondió: “ La opinión de este siervo humilde es que el mejor dhikr es el dhikr de la acción. Lo que quiero decir es que el verdadero éxito y la cercanía de Dios solamente se obtienen absteniéndose de las creencias equivocadas y de la conducta pecaminosa.”
En una carta, se le preguntó cómo uno podría alcanzar la proximidad a Dios y ganar también la proximidad a Su Califa, el Imám de nuestro tiempo (a.f.)
Respondió: “ Bismihi ta’ala. Abstenerse de pecado y rezar las oraciones obligatorias en el momento exacto. ”
Ayatolá Behyat ha dicho: “La oración simboliza la Kaaba. Takbirat ul Ihram es sinónimo de dejar de lado todo lo que no sea Dios y entrar en Su Santuario. Qiyam representa una conversación entre dos amigos. Ruku simboliza la inclinación de respeto de un siervo frente a su maestro y Suyúd es la manifestación definitiva de humildad y de la carencia de poder ante el maestro. Y cuando el siervo regresa de una oración así, el saludo de paz final le remite nuevamente al recuerdo de Su Señor.”
Ayatolá Ahmadi dice: “Ayatolá Behyat siempre recomendaba permanecer despierto y dedicado a la adoración entre el alba y la salida del sol y levantarse la última parte de la noche para la oración (Salat ul Layl). Dijo: “ Realmente, creo que fue a través de estos dos actos que el Profeta (s.) adquirió su perfecta Gnosis de Dios.”
Una vez le he preguntado sobre el hadith de los Imames (a.s.) que dice: “Esperamos con entusiasmo la llegada de la noche del jueves porque en ella se abren las puertas de la misericordia de Dios. Nosotros, la familia del Profeta (s.), somos bendecidos con un aumento de nuestro conocimiento cada jueves por la noche y cada noche de Qadr. ”
Ayatolá Behyat respondido: “ Son momentos especiales en los que la misericordia de Dios se derrama especialmente. Uno de eso momentos en el de la oración del amanecer. Y repitió esta palabra “Amanecer” “Amanecer (sahr, sahr ) varias veces. ”
Ayatolá Behyat transmitía de sus maestros: “Siempre que deseen recibir el favor y la comprensión de Dios, pueden aprovechar la soledad, la paz y las abundantes bendiciones que están disponible en las profundidades de la noche y al amanecer. En estos momentos, uno puede establecer una conexión con Dios que no es posible establecer fácilmente en otras ocasiones.”
Ayatolá Behyat decía: “El primer paso en el camino hacia Dios y para lograr Su proximidad consiste en que el siervo se de cuenta de que él ha permitido que se abra un foso entre él y su maestro. Él debe procurar a toda costa que ese foso no se agrande y ese debe ser su primer objetivo. Cuando haya controlado ese asunto, él puede comenzar las prácticas que gradualmente le acercarán más y más a su Señor. ”
Agha Shahi dijo: “Ayatolá Behyat está constantemente destacando la importancia de controlar la lengua y mantener el silencio. Dice que debemos controlar nuestras palabras. Debemos pasar 23 horas del día en la contemplación y la meditación y sólo una hora en el discurso; de hecho, dice, a menudo una hora es demasiado.”
Ayatolá Behyat amenudo asesora a sus estudiantes para inculcar el hábito de ser da’im al-dhikr, es decir, estar en constante recuerdo de Dios. Él ha dicho: “Quien está constantemente en dhikr, siempre se encuentra ante la presencia de Dios y se comunica continuamente con Él ”.
Para aquellos que quieran para combatir los susurro del Demonio, recomienda encarecidamente recitar continuamente “ la ilaha Il lal lah ”.
Otro gran contemporáneo erudito, Ayatolá Hasan Hasanzadeh Amuli ha dicho que “La ilaha il lal lah” es al-dhikr-al-jafi (El recuerdo oculto) ya que puede repetirse constantemente sin que nadie más sea consciente de lo que estás haciendo, porque este dhikr puede ser recitado sin incluso mover los labios, a diferencia de otros dhikrs como “ Subhanallah ” o Alhamdulillah ”
Ustad Josro Shahi dice: “Ayatolá Behyat siempre considera insuficiente los virtuosos hechos y la adoración que realiza. Dice a menudo: Que bueno sería que, cuando una persona realiza obras virtuosas y actos de adoración, dijese de sí mismo: “Lo que hago no es nada importante”, pero que cuando ve los actos virtuosos de los demás, les admirase, pensando, “Qué noble actos realizan.” y concluye: “En otras palabras, su consejo es examinar los propios actos virtuosos como algo insignificante, y las buenas acciones de otros como algo altamente valioso.”
Una vez Ayatolá Behyat informó a los estudiantes de hawza: “Debemos estar constantemente pensando cómo podemos obtener la aprobación de nuestro maestro, el Imam de nuestra Época, Wali al-Asr (a.f.). Todos los estudiantes, tanto novicios como avanzados deben preocuparse en la manera en que aprenden sus lecciones, lo que debería ser su actitud y cómo deben realizarse ellos mismos. Deben preguntarse continuamente si su actitud, su conducta, sus palabras y acciones serán aprobadas por su maestro, el Imam al-Mahdi, cuando sean presentadas ante él.”
Ayatolá Behyat decía: “ Si este pensamiento está siempre presente en nuestra mente, nuestros pensamientos y actos no se desviarán jamás. ”
Ayatolá Behyat alentaba con mucho énfasis a los estudiantes que persiguen estudios islámicos superiores y con frecuencia asesoraba a estudiantes novicios también, diciendo: “Siempre que ustedes aprendan algo nuevo, deben aplicar inmediatamente este conocimiento para mejorar sus actos obligatorios y que eso suponga una ayuda para permanecer alejados de los actos pecaminoso. Él les citaba el hadith que dice: “Man amila bima ‘ alima, warrazahu’llahu ‘ ilma ma la ya’lam”: “A quien actúa conforme al conocimiento que adquiere, Dios le dará en herencia él conocimiento que no poseía.”
A los estudiantes más avanzados, les hablaba de manera que provocase su reflexión. Uno de sus estudiantes dice: “Recuerdo una vez en que yo estaba acompañándole de su casa a la mezquita, donde dirigía las oraciones. Ayatolá Behyat se dirigió a mí y me preguntó: “Un estudiante comienza con “ muqaddamat ” (lecciones introductorias) y luego estudia “ ma’alim ” y “ mughni ” y luego ¿Qué?
Yo he dicho, “ Lum’ah ”.
El dijo: “Y luego ¿Qué?”
He dicho, “ Makasib ”.
El dijo: “Y luego ¿Qué?”
He dicho, “ Kifayah ”.
El dijo: “Y luego ¿Qué?”
He dicho, “ Dars al-Jarich ”.
El dijo: “Y luego ¿Qué?”
He dicho, “ Obtiene el ichtihad ”.
El dijo: “Y luego ¿Qué?”
Eso fue una gran lección para mí. Me di cuenta de que el conocimiento en sí mismo no era el objetivo, que era sólo el medio para lograr el objetivo, es decir, para obtener la proximidad de Dios. Si en cada una de estas etapas sucesivas, el estudiante no logra un poco más de proximidad a Dios, entonces no ha progresado mucho. ”
Una vez, algunos estudiantes de la hawza del Líbano pidieron Ayatolá Behyat una guía espiritual y asesoramiento ético. El respondió: “Una de las acciones más beneficiosas en estas cuestiones es sentarse con sus compañeros de clase cada día a estudiar un hadith del capítulo Yihad –al nafs del libro Wasail al-Shi’a de Hurr Sheij al-Amali. Por supuesto, el hadith debe examinarse correctamente, meditarse cuidadosamente y, a continuación, llevarlo a la práctica. Eso actuará como un tonificante espiritual que permitirá al estudiante una transformación que podrá verificar por sí mismo con solo que transcurra un año.”
Ayatolá Behyat consideraba que la súplica proporcionaba un gran estado y la recomienda insistentemente, diciendo que el du’a rige el resultado de cada etapa de nuestras vidas.
Ustad Hadawi relató: “Mi hija estaba muy enferma, fui junto a Ayatolá Behyat y le pedí que rezase por ella. Él me dijo: “Usted debe recitar el siguiente du’a tres veces cada día: “Allahumma ishfiha bi shifaa-ika, wa daawiha bi dawaa-ika, wa ‘ bi aafiha ‘ aafiyatik”: “¡Oh Dios! Cúrala con Tu cura, trátala con Tu medicina y restaura su salud con Tu fuerza ” a continuación, deberá decir: “ Bi’l Imami’l-Kázım (a.s.), fa innaha amatuka wa bintu ‘ abdik ”. “ Te lo suplico por el Imam al-Kázım (a.s.), pues ella es Tu sierva y la hija de Tu siervo. ”

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