“LOS TRADUCTORES ÁRABES HICIERON MUCHO MÁS QUE SÓLO PRESERVAR LA FILOSOFÍA GRIEGA”

En la antigua Europa, muchos filósofos escribían en griego. Incluso después de la conquista romana del Mediterraneo y la desaparición del paganismo,  la filosofía estuvo fuertemente asociada con la cultura helénica. Los pensadores importantes del mundo romano como Cicerón y Séneca, estaban sumergidos en la literatura griega; incluso Cicerón fue a Atenas a rendir homenaje a la casa de sus héroes filosóficos. Curiosamente, el emperador Marco Aurelio fue tan lejos como para escribir sus Meditaciones en griego. Cicerón y luego Boecio, hicieron intentos por iniciar una tradición filosófica en latín. Pero durante la edad media temprana, la mayoría del pensamiento griego era accesible solo en latín de manera parcial e indirectamente.

Al otro lado, la situación fue mejor. En el Imperio romano de oriente, los bizantinos que hablaban griego podían continuar leyendo a Platón y Aristóteles en su versión original. Y filósofos en el mundo islámico disfrutaban de un extraordinario grado de acceso al patrimonio intelectual helénico. En el siglo X, lectores de lengua arábica tenían el mismo grado de acceso a Aristóteles que los lectores de lengua inglesa en la actualidad.

Esto fue gracias a un movimiento de traducción bien fundamentado que se extendió durante el califato Abasida, comenzando en la segunda mitad del siglo VIII. Patrocinado en los niveles más altos, incluso por el califa y su familia, este movimiento buscaba importar la ciencia y filosofía griega a la cultura islámica. Su imperio tenía los recursos para hacerlo, no solo financieramente sino también culturalmente. De la antigüedad tardía al ascenso del Islam, Grecia había sobrevivido como el lenguaje de la actividad intelectual entre los cristianos, especialmente en Siria. Así que cuando los aristócratas musulmanes decidieron tener la filosofía y ciencia griega traducida al árabe, esto era por los cristianos que ellos convertían. A veces, un trabajo griego podía incluso ser traducido primero al siriaco, y solo después de eso, recién  podía ser traducido al árabe. Esto fue un gran desafío. La lengua griega no era una lengua semítica, por lo que se estaban moviendo de un grupo de idiomas a otro: más como si tradujeran del finlandes al inglés que del latín al inglés. Y no había, al principio, una terminología establecida para expresar ideas filosóficas en árabe.

¿Qué llevó a la clase política de la sociedad Abasida para soportar esta enorme y difícil empresa? Parte de la explicación es sin duda la gran utilidad del corpus científico: textos claves en disciplinas como la ingeniería y medicina que obviamente tenían aplicación práctica. Pero esto no nos responde por qué los traductores eran generosamente retribuidos por traducir la Metafísica de Aristóteles o las Enneadas de Plotino en árabe. Investigaciones realizadas por importantes estudiosos del movimiento de traducción griego-árabe, especialmente por Dimitri Gutas en Pensamiento griego, cultura árabe (1998), ha sugerido que los motivos fueron de hecho profundamente políticos. Los califatos querían establecer su hegemonía cultural, en competencia con la cultura Persa y también con sus vecinos bizantinos. Los Abasidas querían mostrar que ellos podían continuar la cultura Helénica mejor que los Bizantinos griego-parlantes, ignorantes como eran ellos por el irracionalismo de la teología cristiana.

Los intelectuales musulmanes también encontraron en los textos griegos recursos para defender y comprender mejor su propia religión. Uno de los primeros en abrazar esta posibilidad fue al-Kindi, denominado tradicionalmente como el primer filósofo en escribir en árabe (murió alrededor del 870 d.C.) Un musulmán adinerado que se movía en los círculos de la corte, al-Kindi organizaba las actividades de los estudiosos cristianos quienes podían traducir del griego al árabe. El resultado fue mixto. La versión de la Metafísica de Aristóteles de los círculos de la corte podía ser más que incomprensible por momentos (para ser justos, uno podía decir los mismo del texto original en griego), mientras que su traducción de los escritos de Plotino a veces tomaban la forma de una paráfrasis libre con nuevo material añadido.

Este es un ejemplo particularmente dramático que es característico de las traducciones griego-árabes, generalmente, y tal vez de todas las traducciones filosóficas. Aquellos que han traducido filosofía desde un lenguaje externo sabrán que, para intentarlo, necesitan un entendimiento profundo de lo que están leyendo. En el camino, deben tomar elecciones difíciles sobre como traducir el texto fuente a un idioma objetivo, mientras que el lector (que no debería saber o no tiene la capacidad de acceder a la versión original) estaría ante la misericordia de las decisiones del traductor.

Aquí les dejo mi ejemplo favorito. Aristóteles usaba el término griego eidos para referirse tanto a la ‘forma’ –como en “substancia que está hecha de materia y forma”- y ‘especies’ –como en “humano es una especie que cae bajo el género de animal”- Pero en árabe, como en inglés, hay dos diferentes palabras (‘forma’ es sura, ‘especies’ es naw) para ese término. Como resultado, los traductores árabes tuvieron que decidir, cada momento que se cruzaban con el término eidos, cuál de los dos conceptos Aristóteles tenía en mente –a veces era obvio, pero a veces no. El Plotino árabe, sin embargo, fue más allá de las decisiones necesarias de la terminología. Se hicieron intervenciones dramáticas en el texto, que ayudaban a sacar lo relevante de las enseñanzas de Plotino para la teología monoteísta, reorientando la idea neoplatónica de un supremo y absolutamente simple principio primero como el poderoso creador de la fe abrahamica.

¿Cuál fue el rol de al-Kindi en todo esto? No estamos totalmente seguros, en realidad. Parece claro que no traducía solo, e incluso no debía haber sabido mucho griego. Pero está registrado que “corrigió” al Plotino árabe, que pudo haberse extendido para agregar sus propias ideas en el texto. Evidentemente, al-Kindi y sus colaboradores pensaban que una “verdadera” traducción sería una que expresara la verdad, no solo una que mantuviera la fidelidad al texto fuente.

Pero al-Kindi no estaba satisfecho con esto. También escribió una serie de trabajos independientes, usualmente en la forma de cartas o epístolas a sus patrones, que incluía al mismo califa. Estas cartas explicaban la importancia y el poder de las ideas griegas, y como estas ideas podían responder a las preocupaciones del Islam del siglo IX. En efecto, fue como un hombre de relaciones públicas para el pensamiento helénico. Lo que no quiere decir que él seguía obedientemente a los antiguos predecesores que habían escrito en griego. Por el contrario, la originalidad del círculo de al-Kindi descansa en su adopción y adaptación de las ideas helénicas. Cuando al-Kindi intenta establecer la identidad del primer principio de Aristóteles y Plotino con el dios del Corán, el camino ya había sido preparado por las traducciones que trataban al principio como un creador. Él sabía algo que somos capaces de olvidar actualmente: que los trabajos de traducción filosófica pueden ser una poderosa forma de hacer filosofía.

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