Breve extracto de “La democracia en América”, por Alexis de Tocqueville

“…veo una multitud innumerable de hombres iguales y
semejantes, que giran sin cesar sobre sí mismos para procurarse
placeres ruines y vulgares, con los que llenan su alma.
Retirado cada uno aparte, vive como extraño al destino de todos los
demás, y sus hijos Y sus amigos particulares forman para él toda la
especie humana: se halla al lado de sus conciudadanos, pero no los ve; los toca y no los siente; no existe sino en sí mismo y para él sólo, y si
bien le queda una familia, puede decirse que no tiene patria.
Sobre éstos se eleva un poder inmenso y tutelar que se encarga sólo de
asegurar sus goces y vigilar su suerte. Absoluto, minucioso, regular,
advertido y benigno, se asemejaría al poder paterno, si como él tuviese
por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, al contrario, no
trata sino de fijarlos irrevocablemente en la infancia y quiere que los
ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar. Trabaja en su
felicidad, mas pretende ser el único agente y el único árbitro de ella;
provee a su seguridad y a sus necesidades, facilita sus placeres, conduce
sus principales negocios, dirige su industria, arregla sus sucesiones,
divide sus herencias y se lamenta de no poder evitarles el trabajo de
pensar y la pena de vivir.
De este modo, hace cada día menos útil y más raro el uso del libre
albedrío, encierra la acción de la libertad en un espacio más estrecho, y
quita poco a poco a cada ciudadano hasta el uso de sí mismo. La
igualdad prepara a los hombres para todas estas cosas, los dispone a
sufrirlas y aun frecuentemente a mirarlas como un beneficio.
Después de haber tomado así alternativamente entre sus poderosas
manos a cada individuo y de haberlo formado a su antojo, el soberano
extiende sus brazos sobre la sociedad entera y cubre su superficie de un
enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes, a través de las
cuales los espíritus más raros y las almas más vigorosas no pueden
abrirse paso y adelantarse a la muchedumbre: no destruye las
voluntades, pero las ablanda, las somete y dirige; obliga raras veces a
obrar, pero se opone incesantemente a que se obre; no destruye, pero
impide crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece, extingue,
debilita y reduce, en fin a cada nación a un rebaño de animales tímidos e
industriosos, cuyo pastor es el gobernante.”

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