El rechazo del ego como base para la sanación

Entre las más elevadas virtudes del Profeta (P) se cuenta el rechazo al propio ego. Él negó cualquier manifestación de opulencia, y no solo lo hizo en teoría, sino que lo aplicó en su vida.

Los historiadores han narrado numerosas muestras de ello, entre las que se cuentan las siguientes:

1. Llegó a verle una persona y a causa del porte del Profeta (P), el pavor se adueñó de su semblante. Entonces el Profeta (P) le regañó y le dijo:

“¡Pobre de ti! Solamente soy el hijo de una mujer de Qureish que solía comer qadîd (tiras de carne secadas al sol)”.

¿Observáis ese rechazo al propio ego, esa manera de desestimar el ego, y de impedir cualquier tipo de acometida de grandeza y de considerarse superior a la gente? La verdadera grandeza y la exaltación en todos sus aspectos solamente pertenecen a Dios, el Creador del Universo, el Dador de la vida, y es a Él, y a nadie más, que se someten los rostros.

2. El Profeta (P) prohibió a sus Compañeros que le ensalzasen y engrandeciesen, puesto que ello contendría un aspecto de superioridad y elevación por sobre ellos, por lo que les dijo: “No me ensalcéis como lo hicieron los cristianos con el hijo de María (a.s.). Por cierto que solamente soy un siervo de Dios. Así pues, decid: “El siervo de Dios y Su Enviado”.

Las más importantes particularidades que él deseaba que se le atribuyesen eran el de siervo de Dios y el de Su Enviado. El Profeta (P) detestaba enormemente el egoísmo y los sentimientos de superioridad.

Se narró de Ibn ‘Abbâs que dijo: “Caminé tras del Mensajero de Dios (P) para ver si eso le disgustaba o quería que lo hiciera”. Continuó: “Me tomó con su mano y me atrajo hacia él hasta llegar a caminar a su lado. Luego me atrasé otra vez y nuevamente me tomó con su mano y me atrajo hacía sí. Entonces comprendí que le disgustaba eso”.

3. Entre los sublimes atributos morales del Profeta (P), tenemos su rechazo al propio ego, de manera que si un esclavo le llamaba, él le respondía y no se ponía por encima de él. Fue narrado de él (P): “Si un esclavo me invitara a compartir con él una pata de cordero, aceptaría”.

4. Una de las señales de su moral es que si se le obsequiaba una pata de cordero la aceptaba. “Si me obsequiaran una pata de res, la aceptaría, y si me invitaran a (comer) una pata de cordero, respondería afirmativamente”.

Él no se ponía por encima de nadie, y aceptaba la invitación aunque fuera para compartir un trozo de carne de oveja.

5. Entre sus elevadas pautas de moral está que era afín a las reuniones de los pobres y los débiles, y los sentaba a su lado. Ello era una señal de su elevada moral y su rechazo al propio ego.

El rechazo del ego como base para la sanación

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