El poema de Ibn Zamrak: tesoro oculto de la Fuente de los Leones de la Alhambra

«Bendito sea Aquél que otorgó al iman Mohamed

las bellas ideas para engalanar sus mansiones.

Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas

que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,

y una escultura de perlas de transparente claridad,

cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?

Plata fundida corre entre las perlas,

a las que semeja belleza alba y pura.

En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,

sin que sepamos cuál de ambos se desliza.

¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,

pero sus caños la esconden enseguida?

Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,

lágrimas que esconde por miedo a un delator.

¿No es, en realidad, cual blanca nube

que vierte en los leones sus acequias

y parece la mano del califa, que, de mañana,

prodiga a los leones de la guerra sus favores?

Quien contempla los leones en actitud amenazante,

(sabe que) sólo el respeto (al Emir) contiene su enojo.

¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,

herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:

Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume

renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!»

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