Anécdota del Imam Musa al Kadhim

Un día, Imam Musa al-Kadhim (P) pasó por casualidad cerca de la tienda (haima) de un nómada negro. Entró en su tienda diciendo:
-As Salamu ‘alaikum.
Después se informó de su salud y de su bienestar, y conversó con él durante un rato. Cuando el santo Imam se despidió, añadió:
-Si puedo hacer alguna cosa por usted, estoy dispuesto de buen grado a hacerla.
Cuando los discípulos del Imam vieron como trató tan amablemente a aquel hombre, le dijeron:
-¡Oh Santo Imam! Entráis en la tienda de este hombre modesto, ordinario y habláis con él. Y cuando os vais, le decís de buen grado que si quiere cualquier cosa que haga por él, lo haréis gustoso. ¿Es necesario para una persona como usted encontrarse con un hombre ordinario y conversar con él cordialmente?
El Santo Imam respondió:
-Olvidáis que él también es un siervo de Allah y que Allah ha creado a todos los hombres iguales. Por otra parte, al ser musulmán también, es nuestro hermano en la fe. Además, debéis tener en cuenta que las condiciones de cada persona no son siempre las mismas. Es posible que nos veamos obligados mañana a pedirle ayuda al mismo hombre que hoy tiene necesidad de la nuestra. Si ahora se la negamos, será embarazoso verlo en el momento de nuestra propia necesidad.
Imam ‘Ali (P) cita las palabras siguientes del Noble Profeta
(PBd):

“El musulmán no debe dejar a su hermano de fe hacer
frente solo a las dificultades. Debe querer para él
lo que quiere para sí mismo, y no debe desearle aquello
que no desea para sí mismo”.

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